Fidel se levanta gigantesco en Moscú como símbolo de esa cultura, que no ha desaparecido en el planeta, de mantener el anhelo de que haya justicia y belleza para todos en el reino de este mundo.
 
Fue hermoso y justo el discurso de Putin al inaugurar el monumento de uno de los hombres indispensables del siglo XX, dijo el mandatario ruso y ponderó la amistad sostenida entre Cuba y Rusia desde los tiempos de la Unión Soviética.
 

Fidel asistió a los funerales de Mitterrand por gratitud, por rendir culto a la amistad que unió al expresidente francés con Cuba, me lo ha dicho mientras conversamos en el Pabellón de Honor del aeropuerto, minutos antes de regresar a la Isla, cuando le he recordado mi compromiso permanente con los lectores de Juventud Rebelde.