Era el 18 de noviembre de 1999, y en el Estadio Latinoamericano de La Habana, los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro, se disponían a jugar un encuentro de béisbol. Habían acordado un juego de veteranos. Ante unos 45.000 espectadores, Fidel dirigía el equipo de Cuba; y Chávez era el lanzador por Venezuela.