Fue Julio Antonio Mella el primero que, en el siglo XX, tuvo la idea de organizar una expedición con el fin de desembarcar en el este de Cuba para desarrollar allí la insurrección popular armada. Con ese objetivo, fundó en México la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (Anerc), una especie de frente amplio al estilo del Partido Revolucionario Cubano de José Martí, que aunara a todos los patriotas de la Isla que aspiraran a derrocar la tiranía machadista y eliminar los males de la neocolonia en nuestro país.
Ellas eran muchachas que les tocó vivir una época terrible. Muchas se hicieron amigas en las manifestaciones estudiantiles, mientras eludían los chorros de agua que les arrojaba la Policía batistiana. En huelgas estudiantiles participaban muy activamente en la paralización de los planteles de la enseñanza media, incluyendo a los colegios privados.
Como dijimos en el trabajo anterior, El segundo diciembre guerrillero, en los últimos días de 1957 los rebeldes habían quedado dueños del territorio entre el pico Caracas y Pino del Agua, de oeste a este en la Sierra Maestra. Al hacer un recuento del primer año de lucha guerrillera, Che subrayaba en un artículo para la revista Verde Olivo, ya con la Revolución en el poder, cuán decisiva había sido la solidaridad campesina y espontánea sin esperar nada a cambio, desde los días iniciales de la lucha, en diciembre de 1956, tras la dispersión de Alegría de Pío.
Con las elecciones espurias de 1954, donde hasta los muertos aparecieron como votantes, el régimen tiránico de Fulgencio Batista quiso dotarse de una aparente legalidad democrática y tras varios indultos a opositores, anunció una amnistía de los centenares de presos políticos hacinados en cárceles cubanas. Pero la lista de los posibles excarcelados excluía a Fidel y los Moncadistas.
En más de una ocasión Fidel relataría los sucesos acaecidos en la mañana del 18 de diciembre de 1956, cuando acampado junto con dos compañeros en la finca El Salvador, de Mongo Pérez, ubicada en un lugar conocido por Cinco Palmas, un muchacho le trajo una cartera de piel con la licencia mexicana de conducción de Raúl. Sin disimular su alegría, indagó: “¡Mi hermano!, ¿dónde está?… ¿anda armado?”. El serranito contó que Hermes Cordero, un vecino, le había dado la cartera para entregársela a Mongo.