Cuando parecía que ya no había espacio para más emociones que las vividas en la segunda mitad de diciembre de 1958, en Sancti Spíritus corrió el rumor de la inminente llegada de Fidel en caravana victoriosa desde Oriente
 

Tras el triunfo rutilante de la Revolución cubana el primero de enero de 1959, Estados Unidos hizo todo de su parte para derrotarla, pues casi desde los primeros momentos se percató de que su líder máximo Fidel Castro era insobornable, valiente e inteligente en grado sumo y estaba dispuesto a cualquier sacrificio junto con su pueblo para traer a Cuba la independencia y soberanía que las guerras independentistas del siglo XIX no pudieron aportarle.
 

El propio Fidel lo ha definido como el más genial y el más universal de los políticos cubanos. Plantea que el Maestro “nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo. En su prédica revolucionaria -dijo- están el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada. Por eso es el autor intelectual del 26 de julio”.