Dicen que impresionaba, que si agigantada era su figura, así de enorme también era su capacidad para tener a un pueblo al lado. Dicen que era tan terco que no dobló nunca el torso ante las presiones, ante el odio de quien no ve lógico que un país pequeño no pueda ser engullido por uno grande. Cuentan que iba a los detalles porque, precisamente por no tenerlos presentes, no logró tomar el Moncada.