Durante los últimos meses del año 1958 los éxitos alcanzados por el Ejército Rebelde frente a las fuerzas de la tiranía batistíana incrementaron el entusiasmo en los combatientes revolucionarios y, por ello, en los días finales de diciembre se evidenciaba en todos la seguridad de que el triunfo estaba cercano. Sin embargo, al amanecer del Primero de Enero estábamos muy lejos de imaginar que Batista había huido y que el plan imperialista para frustrar la victoria de la Revolución, estaba en marcha.