Analizar desde fuera la realidad cubana, tomándola como un simple cuadro realista y figurativo, sujeto a la simple interpretación de lo que vemos, lleva al engaño. Cuba no es el resultado de un régimen concreto, sino la consecuencia inevitable del comportamiento desleal del vecino norteamericano con los cubanos, que sufren las secuelas del brutal bloqueo pergeñado por Bush y su imperialismo yanqui. En ese paisaje aflora la dignidad de un pueblo que soporta los rigores, malvive y aún le quedan fuerzas y alegría para divertirse divirtiendo a quienes acuden a verlo.