De México a Cuba fue para muchos de los expedicionarios el retorno a la lucha y para los más jóvenes el bautismo de fuego. Aunque todos tenían un único propósito: llegar y enfrentar al enemigo, ascender a lo alto y después descender, combatiendo siempre hasta vencer. De los 82 quedaron doce que se fueron haciendo fuertes en la Sierra Maestra hasta la victoria definitiva con el concurso del pueblo cubano, que desde el inicio de la lucha armada se vistió también de verde olivo.