Una vida dedicada a la felicidad humana, a sabiendas de que nada puede contra los valores inmortales del espíritu, ha hecho de Fidel el luchador emblemático cuyo legado, ahora como nunca antes, se multiplica y agiganta.

Es un libro que recuenta historias de agradecimientos de aquellos venezolanos intervenidos quirúrgicamente de la vista en Cuba, hacia el año 2004 pudieron ver la aurora de un nuevo día.

El libro es un diario de viaje por toda la geografía de Venezuela, una expedición a las historias de los niños del milagro. Niños que la mano tierna de dos Revoluciones rescata de las penumbras.

Lo más emotivo que de aquí se llevan un grupo de 33 venezolanos que llegaron a Cuba movidos por la solidaridad, será el suceso no previsto en agenda alguna: el fortuito encuentro con Fidel Castro, la hora y media de intercambio con el líder histórico de la Revolución, quien estampó en la memoria de los protagonistas, según me cuentan, dos impresiones intensas: la mano grande que durante horas estuvo estrechando despaciosa y fuertemente muchas manos, y la lucidez del interlocutor atento a múltiples detalles de la realidad venezolana, especialmente ahora que esa gran nación se ha convertido e