El pensamiento de Fidel es un manantial inagotable para todos los que, en cualquier geografía, luchamos por la más abarcadora emancipación de los seres humanos y el establecimiento de una sociedad superior que deje atrás las rémoras del capitalismo. Los cubanos tenemos el privilegio de que un hombre de su estatura moral e intelectual proyectara sus ideas hacia el mundo desde esta nación insular. En él, como discípulo mayor de José Martí, lo universal anida en perfecta armonía con el bregar que desplegó en la conducción de la primera experiencia socialista en el hemisferio occidental.