Con Fidel se cumplió al pie de la letra aquello de “adonde el corazón se inclina, el pie camina”. En poco más de un año, recorrió cerca de 50 000 kilómetros en su Chevrolet, adquirido a crédito, que en ese ir y venir, se fundió. Reunió más de 1000 amigos y buenos compañeros, para cantar aquella “mañanita”. Pidió a Miret que practicara a algunos integrantes de la “orquesta” en un local de la Universidad de La Habana. Los disfrazó de sargentos para la ocasión. Cada detalle previsto...
 

Que en 1976, en California, Estados Unidos, se creara la primera empresa biotecnológica en el mundo, la Genetic Engineering Tech, Inc. (Genentech, Inc.), seguramente no sorprendió. Pero que en 1981, Cuba emprendiera el desarrollo de la industria de la biotecnología, cuando no había similares en la región, ni siquiera en Europa, sí fue noticia.
 

Fidel, hombre atento a los grandes acontecimientos de la historia, pero también a los detalles más simples del día a día, expresó admiración por muchas personas: héroes, mártires, intelectuales, obreros, campesinos, amas de casas, niños… Pero uno en especial conquistó su respeto y aprobación; el Che.
 

Como madre que espera el regreso de sus hijos para ser feliz plenamente, solía vérsele sentada en el portal de su casa, en la calle principal del municipio pinareño de San Juan y Martínez. El mismo lugar al que salió aquel 13 de agosto de 1957, al escuchar los disparos y la agitación de la muchedumbre.

Cuentan los más cercanos a Esther, que desde el principio supo que sus muchachos estaban implicados en el hecho, porque antes le habían dicho que algún día estaría orgullosa de ellos.

El reloj indica las cinco y treinta de la tarde, el calendario, que es 19 de abril de 1961. En el aire se disipa el humo de los últimos disparos del combate de Playa Girón.  

Días antes, 1 400 mercenarios desembarcaban por la Bahía de Cochinos. Detrás, toda una flota de abastecimientos, y más atrás, la escuadra yanqui con numerosos bombardeadores, bases organizadas en el extranjero, y portaviones de la armada de Estados Unidos.

Al verlo en sus escasas horas de añoranza a la vida, muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, Gabriel García Márquez, -en condición de amigo, no de eminente periodista- le preguntó qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, Fidel le contestó de inmediato: "pararme en una esquina".
 
En otra ocasión, no sin cierto aire de melancolía, según el Nobel de Literatura, el Comandante le dijo: "En mi próxima reencarnación yo quiero ser escritor".
 

En todos nuestros logros científicos está la mano de un hombre de ciencia con visión de futuro
 
En los difíciles años 90, cuando el Comandante mantuvo el criterio de que la supervivencia de la Revolución dependía fundamentalmente de la ciencia y apostó por ella, Armando, que entonces era un joven veinteañero incapaz de desentrañar los azares de la vida, no entendía la decisión del líder.
 

El Fidel que conoció el destacado analista y político español, Ignacio Ramonet, “no paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor —el que constituían sus asistentes y ayudantes— librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.

"Guabino, con esta te llenas de gloria o de m…", le dijo el entonces jefe del departamento de fotografía del diario Granma, Emilio Argüelles, al jovencito que alternaba el trabajo diurno en el laboratorio fotográfico del periódico, con estudios universitarios en las noches y la paternidad de unas gemelas de dos años.
 
La misión: hacer las fotos del acto por el 35 aniversario del triunfo de la Revolución cubana, en Santiago de Cuba, en el que participaría el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.