Se dice en estos días: El escritor cubano hizo poco o nada por la Revolución. Esto es cierto, y mal que nos pese tenemos que aceptarlo. A tono con nuestra falta de cooperación se nos oponen terribles reparos y se nos niega la sal y el agua. Dicen: ¿Cómo podrían ahora establecer demandas si en el momento de la lucha se mostraron remisos? ¿Cuáles son vuestros títulos revolucionarios? Para justificar sus anatemas se apoyan en hechos incontrovertibles: las revoluciones tienen lugar en el campo ideológico antes que en el campo de batalla; el escritor mediante proclamas y manifiestos participa de manera activa en la lucha; si preciso es toma el fusil y expone su vida. Si ustedes nada hicieron en tal sentido, si el nombre que les cuadra es el de abstencionistas, entonces no nos vengan ahora con demandas.