La descomunal hazaña de Fidel Castro y sus barbudos suscita de nuevo la vieja polémica sobre los protagonistas de la historia. ¿Es esta hija de aquellos o constituye un proceso autónomo que no depende de los grandes conductores de hombres? ¿Son los acontecimientos los que colocan a la cabeza los individuos idóneos o son estos los que precipitan e informan los acontecimientos? Por supuesto que sin las condiciones objetivas necesarias, el factor subjetivo no podría actuar en tal o cual dirección. Pero la historia, si es que admitimos la existencia de tal cosa, tampoco puede reducirse a una corriente impetuosa, sobre la que flotan arrastrados los hombres, sin poder influir sobre su curso.