Aunque aquí están presentes continuamente las ideas y el pensamiento revolucionario de Fidel, en este tomo I de Guerrillero del tiempo la dimensión personal, la dimensión más íntima, alcanza un espacio y una profundidad muy notable, Fidel logra colocarse en la perspectiva, en la mirada del niño que fue, del adolescente que fue. Se acerca a su familia, a las personas de su entorno o a aquellas con quienes convivió en distintas etapas, tratando de reconstruir cómo pensaban, qué sentían ante las distintas circunstancias, y va descubriendo matices en su comportamiento, va analizándolos, no con un espíritu de juez, sino para entender a esas personas, para explicárselas a sí mismo.