El triunfo de la Revolución abrió todas las puertas a varias generaciones de cubanos. “Seguir las palabras de Fidel, que eran compartidas por todo un pueblo, fue para mí más que una sensación y una vivencia, un magisterio.”
 
Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana, tenía entonces mucha avidez de conocimiento y le había sido negada en la pobreza familiar la educación escolar anhelada.

Para las cubanas y cubanos, Fidel ha representado siempre la esperanza. En un tiempo fue la esperanza de una Cuba independiente y plena de justicia social. En nuestros días —ya que hemos decidido en la Isla nuestro destino de nación libre como una conquista irrevocable y hemos alcanzado los más importantes derechos humanos—, Fidel sigue siendo la esperanza de esas grandes mayorías del planeta, abandonadas en el abismo de la pobreza y la marginación.

Estas reflexiones nacieron inspiradas en el diálogo sostenido con uno de esos hombres que ha “disfrutado del privilegio de acompañarle” momentos definitorios para la nación cubana.  Su historia de relación con Fidel, el Jefe de la Revolución, como suele nombrarle con sumo respeto, resume de algún modo el sentir de miles de compatriotas y nos revela a un Comandante cuya nobleza e hidalguía nos sorprenden al escuchar el testimonio veraz de sus contemporáneos