Fueron más de cien las ocasiones en que el Comandante en Jefe visitó Villa Clara, en varias de ellas estuve presente. Ese fue un privilegio.
Y puedo sumar una que llamo fundacional, porque en 1965 cuando se celebró el acto por el 26 de Julio en esta ciudad, mi madre estuvo allí, embarazada de mí. Creo que desde ese instante, su presencia quedó calada en mi alma, como en la de muchos de mi generación que confiaron en su ejemplo y en su indeclinable posición de principios.
Cuentan que era a media mañana, y que podría venir porque estaba en Villa Clara después de muchos años. La visita resultó ser una sorpresa, porque entró como un amigo que conoce el lugar.
Los trabajadores del área de Economía de la Inpud Primero de Mayo de Santa Clara, salieron a su encuentro.
Era el 30 de septiembre de 1996: allí estaba Fidel, lo acompañaba el hoy Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en aquel entonces primer secretario del Partido en la provincia.
Villa Clara dijo: Yo soy Fidel en una sola voz. Lo expresó con la convicción de hacer y construir una sociedad más próspera, durante el acto por el aniversario 58 del Triunfo de la Revolución Cubana en la provincia.
A Fidel, a su ética y ejemplo se dedicó el acontecimiento a la vez que se rememoró la épica historia de lucha, dignidad y soberanía lograda con la conquista del primero de enero de 1959 en que los cubanos logramos la real independencia.
Dentro de algunas horas se va el 2016 que ha tenido un final doloroso. Juro que en lo personal debería estar muy feliz, me asisten sobradas razones para ello, pero confieso que tengo un pesar que se hace ardor dentro, almendra amarga en los labios, y aunque pasan los días sigue ahí esa sensación de angustia por la desaparición física de Fidel.