En un lugar de Holguín, de cuyo nombre sí puedo acordarme –San Germán- se produjo el encuentro. Era la primera vez que el pequeño de 11 años lo veía en vivo, en colores y en “3D”. Y todo producto de la casualidad.
“Siempre he admirado a Fidel, porque mi familia es muy revolucionaria y hay una tradición de cercanía espiritual a él. Sin embargo, nunca pensé que podía verlo personalmente, y menos allá en San Germán, un pueblito de campo”, confiesa Víctor Aguilera Nonell, joven profesor de Historia de la Universidad de Holguín.