Ernesto Che Guevara fue bajado por su hija Aleida del pétreo pedestal y mostrado como el hombre más allá de épicas epopeyas, en una tertulia familiar durante su primera visita a Panamá.
Aleidita, como la llaman los cubanos, pasaba de profundas reflexiones del pensamiento guevariano, a las anécdotas de la vida cotidiana, donde el amor fue tema recurrente, tanto el que existía entre sus padres, como el del recio guerrillero por sus hijos.