Lezama Lima retoca por última vez el nudo de la corbata, toma la carpeta de documentos que descansa sobre la repisa de la sala, y sale a la calle Trocadero, donde un Chevrolet del año 57 lo espera. Antes de subir al vehículo ha respondido al «Buenas tardes» de dos milicianos que, armados de fusiles checos M-52, conversan en la acera, y luego también compra un periódico a un voceador vespertino que pasa.
Por tan solo colocar la palabra compañero en el título de este comentario, cierto lector diría: Ya este escritor viene con el teque político. ¿Y por qué, si la palabra compañero –que aparece 43 veces en el Quijote y 77 en la Biblia–, proviene de una lengua tan antigua como el latín, donde la unión de cum y panis significa comer solidariamente del mismo pan?