Ho Chi Minh murió en 1969, cuatro años antes de la primera visita de Fidel Castro a Vietnam, pero ni la fatalidad pudo impedir el encuentro entre aquellos dos hombres que se profesaron una inmensa amistad.
 
Dirigentes políticos, militares, ministros, embajadores, traductores, periodistas y otros que tuvieron oportunidad de hablar con ellos o ser testigos de expresiones del uno hacia el otro, afirman que sus puntos de coincidencia eran tantos que trascendieron al mero contacto físico.
 

Los vietnamitas lo consideraban demasiado arriesgado e intentaron disuadirlo, pero Fidel era Fidel y finalmente accedieron a llevarlo a las recién liberadas zonas del centro del país, allí donde todavía el Paralelo 17 lo partía en dos.
 
Él mismo lo contó 35 años después en una de sus Reflexiones: “Tuve que insistir para hacer aquel recorrido. Los vietnamitas temían que fuese víctima de alguna aventura yanqui si conocían de mi presencia en aquella zona. (El primer ministro) Pham Van Dong me acompañó todo el tiempo”.