Es muy difícil escribir del Che. Es difícil escribir de un hombre que en estos días lo que más nos pediría es hacer, trabajar, producir, y no andar recordándolo solo en repasos de su propia historia. Hechos, más que palabras –nos diría–; ejemplo y movilización –nos reafirmaría–;  él, a quien no le gustaban los homenajes, que no procedía de otro linaje que no fuera el del obrero, el ciudadano común, el luchador cotidiano.
 

Tuve en mis manos, hace unos cuantos años ya, un ejemplar del libro Como techo el cielo, un empeño precioso con ilustraciones para niños, de un discurso de Fidel a los pioneros. En ese discurso, el Comandante hablaba sobre lo importante que es a cada rato dormir al aire libre, estar en contacto con la naturaleza… tener como techo el cielo. Y así, de manera sencilla y atractiva, los pioneros también leíamos un discurso de aquel padre mayor que nos dejaba a cada rato ponerle una de nuestras pañoletas.

 

Hace ya más de 15 años, un gran maestro del periodismo cubano, Guillermo Cabrera Álvarez, me escribía que Fidel es una Isla –por Cuba–, una idea, un pensamiento, uno de los tantos jóvenes que pueblan el planeta. El tiempo, no hay duda, le sigue dando la razón al genio. Fidel no ha necesitado monumentos para hacerse más necesario que nunca, y sus ideas no pasan de moda, aunque varíen los contextos: Cuba sigue teniendo el mismo enemigo, las mismas causas fundamentales de lucha y los mismos valores para defender, legítimos en cualquier época.

Hay que cubrirle la retirada a Fidel. Él es el que tiene que vivir. Por dónde estará? Habrá logrado escapar? Espero que sí...Con este ojo tapado quizás no me descubran. Así disfrazados de enfermos tenemos alguna posibilidad, pero hay que esperar que pase más tiempo. Qué impotencia estar atrapados en este lugar sin poder salir y sin saber de los demás....Hay que prepararse para lo que venga. Las muchachas tienen que vivir para contarlo todo.... Yeyé....Por suerte pude darle un besito a mi sobrina Carín.
..........

La guerra por la de­finitiva liberación de Cuba que tuvo su antecedente en el asalto a los cuarteles Mocada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953, y que inició con el desembarco de los expedicionarios del yate Granma el 2 de diciembre de 1956, fue un proceso liberador y también formador de ideología.

Desde los tiempos antiguos, los héroes son inspiradores de poemas, —tan extensos e intensos como inmensas han sido sus hazañas—. Les cantan los poetas más famosos y también les cantan los pueblos. A Fidel, el nuestro, el héroe de la Revolución, el líder, el cubano que convirtió lo imposible en posible acompañado de un pueblo que cautivó con valentía y convicciones, también escribieron muchos versos.

Desde los tiempos antiguos, los héroes son inspiradores de poemas, —tan extensos e intensos como inmensas han sido sus hazañas—. Les cantan los poetas más famosos y también les cantan los pueblos. A Fidel, el nuestro, el héroe de la Revolución, el líder, el cubano que convirtió lo imposible en posible acompañado de un pueblo que cautivó con valentía y convicciones, también escribieron muchos versos.

“Ella olía a cedro como la madera de los armarios, los baúles y las cajas de tabaco, con el aroma discreto de las intimidades que, en su tibia y sobria soledad, recuerda los troncos con las raíces en la tierra y las ramas desplegadas al aire. Su olor perturbó los sentidos de don Ángel”.
 

Hoy es 8 de enero, entrada de Fidel a La Habana. Históricas las imágenes de su encuentro con Camilo en el Cotorro, y con su hijo Fidelito. Apoteósico el recibimiento. De ello dan fe nuestros abuelos y esas imágenes que hoy inundan todas las plataformas posibles. Emocionante su discurso en Columbia –hoy Ciudad Libertad- , donde expresó que el deber de todo revolucionario era decir la verdad, y que quizás en lo adelante todo sería más difícil. Allí Camilo otra vez con la pregunta eterna: ¿Voy bien, Camilo?

Cuántas veces zarpó el hombre rumbo a sus sueños; cuántas vivió la altura de la Sierra; cuántas el triunfo y cuánto hubo de reponerse en el camino más difícil para lograr la obra más hermosa. Es viernes 25 de noviembre, como hace seis años. Y, como hace seis años, el compromiso de que el Comandante siga vivo, -escribieron dos entrañables colegas en su libro Ahí viene Fidel-, depende de nosotros.