Cuba es nuestra, nuestro sol es nuestro, habiendo recuperado la dignidad para el pueblo y todo eso sintiéndolo profundamente, pero hay veces en que arañamos aquellos momentos, me refiero a aquellos momentos del combate, aquella noche del día 25, te das cuenta que aquello fue bueno pero que esto es mejor, esto es mejor ahora. Se acerca la fecha o no sé… No vamos a decir que es algo perenne que nos atormente, no, no, no, pero que es raro que nos ocurra, no debiera ocurrirnos porque esto es más grandioso.

Para nosotros era muy duro salir en libertad, salir a la calle una vez cumplida la condena en la cárcel de mujeres de Guanajay. Era muy duro para Melba y para mí, pero llegó el momento, y tuvimos que salir. Los primeros días fueron violentos porque no teníamos comunicación con Fidel, ni con ninguno de los compañeros de los que habían logrado ir hacia el extranjero —Guatemala y México—, ni tampoco con algunos, muy pocos, que pudieron permanecer en Cuba. Sabíamos —Melba y yo— que éramos seguidas y no queríamos que nuestros compañeros se arriesgaran.