Este es un sitio que resguarda una espiritualidad peculiar. Todo su entorno revela la presencia de Fidel y pensar en él, allí, nos compromete a creer en el futuro.
—¿Cuántos fusiles traes? —Fue lo primero que preguntó el líder a su hermano luego del emocionado abrazo el 18 de diciembre de 1956.
—Cinco.
—Y dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!
Y por segunda vez, en tierra de héroes y de lucha, una sentida frase se empina sobre la adversidad y moviliza a hombres de ideales.