Desde la ventana del cuarto puede verse el pequeño amago de bosque en el que finaliza el Hostal. Estamos en las faldas de la montaña, a 500 metros sobre el nivel del mar. Son árboles típicos, que nuestra ignorancia tropical confunde y llama pinos. Y claro, en ellos, y en los alrededores, correteando, casi diría que exhibiéndose, las ardillas, con sus colas eléctricas. Pero dentro, como huéspedes exclusivos esta vez, hay 38 cubanos.