Matanzas.–El 17 de abril de 1961 fue el último día que Nemesia Rodríguez Montano vio con vida a su madre, una de las primeras víctimas de la invasión mercenaria; «cenaguera humilde, de buen corazón, incapaz de matar una mosca», rememora.    
 
Tras el zarpazo de los mercenarios en las primeras horas de aquel 17 de abril, por las arenas de Playa Girón, la familia de Nemesia, como otras muchas residentes en la sureña región, fue conminada a evacuarse hacia Jagüey Grande, el pueblo más cercano a la zona de desembarco, para proteger, sobre todo, a los niños.