“Vivimos en un mundo interesante, excepcional, del cual hemos hablado en otras ocasiones; un mundo en plena fase de globalización que trae problemas tremendos y desafíos inmensos. Nuestro mayor interés es que nuestro pueblo, en sus conocimientos, en su cultura y, sobre todo, en su conciencia política y científica, se encuentre preparado para ese mundo que se nos viene encima y que marcha a pasos de gigantes.”
“Esta lucha contra la globalización neoliberal es la causa común —se puede decir— de todos los pueblos de la humanidad, que no pueden ver con buenos ojos que se rompa el acuerdo de Kyoto, que significa una esperanza”.
“Los nuevos conocimientos no están en manos de los pueblos pobres, que en la actualidad integran las tres cuartas partes de la población mundial. Están en manos de un grupo privilegiado de potencias capitalistas ricas y desarrolladas, asociadas al imperio más poderoso que existió jamás, construido sobre las bases de una economía globalizada, regida por las propias leyes del capitalismo que Marx describió y desmenuzó a fondo. Hoy, que la humanidad sufre todavía esas realidades en virtud de la propia dialéctica de los acontecimientos, debemos hacer frente a esos peligros”.
“La batalla ahora es más dura y difícil. Un imperio hegemónico, en un mundo globalizado, la única superpotencia que prevaleció después de la guerra fría y el prolongado conflicto entre dos concepciones políticas, económicas y sociales radicalmente diferentes, constituye un enorme obstáculo para lo único que hoy podría preservar no solo los más elementales derechos del ser humano, sino incluso su propia supervivencia”.
“A nuestro país, en su condición de Estado revolucionario, le resulta posible consagrar una gran parte de la batalla a esa lucha por el futuro, a esa lucha contra la globalización neoliberal que nos aplasta a todos y que amenaza con aplastarnos a todos. No es la lucha contra la globalización como fenómeno inexorable; es la lucha por una globalización humana y una globalización justa”.
“Lo que reclamamos, y por lo que debemos luchar, es que la globalización inevitable que por ley de la historia hoy se desarrolla, sea la globalización de la fraternidad y la cooperación entre todos los pueblos, del desarrollo sostenible, de la justa distribución y el uso racional de las abundantes riquezas materiales y espirituales que con sus manos y su inteligencia es capaz de crear el hombre, condición indispensable para la patria común ineludible de una humanidad que puede y debe perdurar”.
“La globalización es inevitable. Vano sería oponerse a una ley de la historia. Pero la que hoy se desarrolla, desde un punto de partida igualmente histórico, es en cambio posible y también inevitable transformarla, sin lo cual nuestra especie no podría sobrevivir. Tal vez es ya tarde, pero sería mejor no esperar a que fuese demasiado tarde”.
“Algún día no nos separarán orígenes étnicos, ni chovinismos nacionales ni fronteras, ni ríos ni mares, ni océanos ni distancias. Seremos, por encima de todo, seres humanos llamados a vivir inevitablemente en un mundo globalizado, pero verdaderamente justo, solidario y pacífico. Ese día hay que ganarlo luchando”.
“Están llegando los tiempos de pensar en la patria mundial; están llegando los tiempos de pensar en el mundo, porque este mundo inexorablemente se ha globalizado bajo la filosofía del más triste y cruel de los conceptos o de las concepciones, que es un mundo globalizado bajo la égida de una superpotencia única y en pro de un mundo unipolar, no para salvarlo, sino para destruirlo; no para traer la justicia que necesitamos todos, sino para esclavizarnos más todavía si es posible, para saquearnos más todavía si fuera probable, para humillarnos más aún, para destruir nuestros sueños que son ind
"El yugo estrangulador que ata a los países latinoamericanos a la fuga de capitales, es la compra libre, sin restricción ni requisito alguno, de divisas convertibles con moneda nacional, fórmula impuesta como sagrado principio neoliberal, por las organizaciones financieras internacionales".