“Hay que luchar contra toda tendencia a la prostitución, y luchar decididamente contra cualquier tendencia a la droga. Este es el país más limpio del mundo.”
“El capitalismo en el orden social implica muchas cosas más: prostitución, droga, juego, mendicidad, desempleo, desigualdades abismales entre los ciudadanos, agotamiento de los recursos naturales, envenenamiento de la atmósfera, de los mares, de los ríos, de los bosques y, de modo especial, saqueo de las naciones subdesarrolladas por los países capitalistas industrializados.
"(...) el turismo es hoy necesidad imprescindible de nuestra economía, pero no un turismo de juego y de casinos, ni un turismo de prostíbulos; no lo aceptamos ni estamos dispuestos a tolerarlo, porque todo el oro del mundo vale menos que la dignidad de una mujer y, más aún, que la dignidad de una adolescente. La venta de menores a extranjeros para prácticas sexuales o la extracción de órganos vitales se castiga severamente. La grotesca y repugnante violación de niñas o niños con circunstancias agravantes no es admisible".
“Que otros se plieguen a las mentiras y los engaños, a las ilusiones y los intereses de los poderosos de este mundo. Nosotros continuaremos defendiendo las ideas por las que hemos luchado toda la vida, junto a los pobres, los enfermos sin médicos ni medicinas, los padres sin empleo, los cientos de millones de niños y niñas abandonados a su suerte u obligados a trabajar o a prostituirse para poder vivir, los hambrientos, los oprimidos y los explotados de toda la Tierra que constituyen la inmensa mayoría de la humanidad.”
“[...]La prostitución es consustancial de la sociedad capitalista[...]”.
"(..) No hay que ser ricos —y nosotros no somos ricos—, no hay que ser un país desarrollado o superdesarrollado para poder resolver muchos de los problemas del hombre.
"No encontrarán ustedes en Cuba forma alguna de crimen organizado, ni el clima generalizado de violencia que caracteriza a la gran mayoría de las sociedades actuales, y que tanta preocupación causa con toda razón a quienes siguen de cerca la evolución de estos fenómenos. No verán en las calles de nuestras ciudades niños abandonados, ni observarán las situaciones extremas de miseria y desamparo que se aprecian incluso en las opulentas capitales de muchas potencias desarrolladas. No advertirán la presencia de la droga, ni del juego, ni de la prostitución, ni de la mendicidad.
"¿Puede el imperio y el sistema causante de todo eso hablarle al mundo, realmente, de derechos humanos? ¿Derechos humanos dentro de un sistema en que una enorme parte de la población no tiene empleos, en que las mujeres son prostituidas, en que los niños son abandonados? Resultan impresionantes las cifras de niños abandonados en América Latina, de millones, de muchos millones. ¿Cómo puede ese sistema ofrecer esperanzas al hombre? ¿Cómo puede ese sistema hablar de consideración hacia el hombre?"
"Al país que ha reducido la mortalidad infantil a menos de 15 por cada 1 000 nacidos vivos; al país que ha elevado la perspectiva de vida de toda la población a más de 74 años; al país que está llevando allí un médico al lado de cada familia; al país que ha construido miles de escuelas, policlínicos, hospitales; al país donde 300 000 personas llevan a cabo estudios superiores; al país que erradicó el juego, la prostitución, la mendicidad, la droga; al país que erradicó la miseria en el campo y en las ciudades; al país que no tiene villas miseria; al país que buscó empleo para todos los ciud