“La Revolución actúa conforme a normas éticas, pero no conoce debilidades de ninguna clase. Y la Revolución ha tenido, tiene y tendrá siempre el valor de saber afrontar sus responsabilidades.”
“El verdadero revolucionario: el que lucha por una causa, el que es capaz de hacerlo tan desinteresadamente que ni siquiera los honores o las glorias le preocupan a la hora de cumplir el deber.”
“Desde luego, hay un principio revolucionario fundamental: que la lucha contra el delito en nuestra sociedad no es, ni mucho menos, función o tarea exclusiva de los funcionarios de orden público. ¡La lucha contra el delito es, en primer lugar, una tarea de todo el pueblo, una batalla de todo el pueblo!”
“Lo que los recursos materiales no nos brinda, lo que el subdesarrollo económico nos priva, el hombre es el único, con su conducta, con su moral, con su actitud, quien puede sustituir todo eso.”
“El programa del Moncada se cumplía rigurosamente en un tiempo relativamente breve. Privilegios e injusticias seculares iban siendo barridos. No era un programa socialista, pero contenía las ideas básicas para ulteriores avances en esa dirección. Si nosotros, los dirigentes principales, éramos de ideas y convicciones socialistas, con más precisión, marxista-leninistas, como hemos dicho muchas veces, la Revolución Cubana no lo era todavía”.
“Tenemos cosas más valiosas, más sagradas que nuestras propias vidas, porque la Revolución, por la dignidad, la libertad, los enormes progresos, la justicia que nos ha traído, es nuestra propia vida.”
“La gran tarea de la Revolución es esencialmente la tarea de formar el hombre nuevo de que aquí se habló, el hombre nuevo de que habló el Che, el hombre de conciencia verdaderamente revolucionaria, el hombre de conciencia verdaderamente socialista, el hombre de conciencia verdaderamente comunista.”
“No es por casualidad que ha resistido el país; el país ha resistido por su inteligencia, por sus virtudes, por su unidad, por su confianza en la Revolución. No habrá forma de penetrar nuestras filas, ni dividirnos. Conocemos, sí, nuestros puntos débiles. No los ignoramos ni pueden ignorarse; pero aquí se libran muchas batallas simultáneamente contra todos los puntos débiles. Hay buena memoria para no olvidarse de ningún punto débil. Estamos en el deber de profundizar en cada uno de nuestros puntos débiles, y a luchar sin descanso contra esos puntos débiles.”
“No hay pueblo que pueda ser dominado, no importa qué poderoso sea el enemigo ni cuántas tecnologías ni cuántos inventos tenga, porque lo que no se ha inventado nunca, ni se inventará, es la forma de dominar un pueblo rebelde, un pueblo decidido a luchar y a morir por los valores que considera más sagrados”.
“(…) ya no se conoce a nuestra patria en el mundo solo por el ron, o por la belleza de sus mujeres, se le conoce por su heroísmo, por su espíritu, por su valor, por su historia revolucionaria”.