“...el retraso mental no es motivo de deshonra de nadie, y en una sociedad como la nuestra un niño con retraso mental debe ir a la escuela, prepararse y alcanzar el máximo de condiciones normales de vida.  Nadie tiene culpa; los padres, tal vez, si algunos no han llegado a comprender bien, bien, que en la etapa del embarazo no se debe consumir bebidas alcohólicas, por ejemplo. Los padres pueden llegar a tener un nivel de culpa, pero el niño no tiene ninguna.  Con retraso mental ligero, moderado, severo y profundo”.

“A lo largo de toda su vida la Revolución instruyó al pueblo, formó cientos de miles de maestros, médicos, científicos, intelectuales, artistas, informáticos y otros profesionales universitarios y posgraduados en decenas de carreras. Esa riqueza atesorada permitió reducir la mortalidad infantil a mínimos no imaginables en un país del Tercer Mundo y elevar las perspectivas de vida y el promedio de conocimiento de la población a niveles de noveno grado.”