“Por arreglar a su país venían luchando desde hace mucho tiempo los cubanos. Pero había una fuerza muy poderosa que nos impedía arreglar nuestro país. Esa fuerza era la penetración imperialista de Estados Unidos en nuestra patria; esa fuerza fue la que frustró nuestra plena independencia; esa fuerza fue la que no dejó penetrar a Calixto García y a sus bravos soldados en Santiago de Cuba; esa fuerza fue la que impidió al ejército libertador hacer la revolución en los inicios de la república; esa fuerza fue la que determinó, desde los primeros momentos, los destinos de nuestra patria; esa fuerza fue la que permitió el apoderamiento de los recursos naturales y de las mejores tierras de nuestra patria, por intereses extranjeros; esa fuerza fue la que se arrogó el derecho a intervenir en los asuntos de nuestro país; esa fuerza fue la que aplastó cuantas revoluciones trataron de hacerse; esa fuerza fue la que se asoció siempre a todo lo negativo, a todo lo reaccionario y a todo lo abusivo que había en nuestro país. Esa fuerza fue la que impidió que en nuestra patria se hubiera hecho una revolución antes. Y esa fuerza es la que nos trata de impedir que nosotros arreglemos a nuestro país ahora.”

“El 17 de julio --fíjense que cerquita estamos de la fecha--, negociaciones de las tropas norteamericanas y españolas, sin participación de la representación de las fuerzas cubanas; se llega a un armisticio y a la capitulación de la ciudad ese día. Penetran las tropas norteamericanas en la ciudad y no se permite la entrada de los patriotas cubanos, uno de los episodios más tristes de nuestra historia, que a aquellos combatientes que lucharon 30 años, comenzando el 10 de octubre de 1868, no se les permite entrar en la ciudad. La bandera norteamericana es izada en el Palacio de Gobierno y en el Morro. Lleno de indignación el General Calixto García, que tan lealmente había cooperado con aquellas tropas supuestamente aliadas, escribe a Máximo Gómez y renuncia a su cargo de jefe de las tropas cubanas en Oriente, ante aquella insoportable humillación. ¿Qué día? El 17 de julio.”

"Han pasado 45 años desde el ataque al Moncada. Lleva más de un siglo nuestra patria luchando por su independencia y por sus derechos. Treinta años lucharon --desde 1868 hasta 1898-- Maceo, Gómez y otros muchos combatientes; sufrieron la humillación de no poder enarbolar su bandera en esta heroica ciudad, de no poder siquiera penetrar en ella después de 30 años de abnegada, admirable y sacrificada lucha, pero llegó un día en que esas banderas se enarbolaron, en que sus ideas triunfaron, ideas que no fueron nunca estáticas y que nunca detuvieron su marcha ascendente. Cada idea nueva puede ser un peldaño hacia las más altas cimas en el progreso humano."

“Las ideas son y serán siempre el arma más importante. La experiencia vivida nos enseña que si un día nuestro país fuese agredido e incluso ocupado por fuerzas poderosas, cada hombre o mujer dondequiera que se encuentre puede ser un ejército; cuando un combatiente o un grupo de ellos quede incomunicado o aislado, debe y puede asumir la responsabilidad de sus acciones y continuar la lucha”.