"Hay que programar el desarrollo del mundo.  Esa tarea no puede quedar en manos de las transnacionales y de las ciegas y caóticas leyes del mercado".

"Los más fanáticos defensores y creyentes del mercado han terminado convirtiéndolo en una nueva religión.  Surge así la teología del mercado.  Sus académicos, más que científicos, son teólogos;  es para ellos una cuestión de fe.  Por respeto a las verdaderas religiones practicadas honestamente por miles de millones de personas en el mundo y a los verdaderos teólogos, podríamos sencillamente añadir  que la teología del mercado es sectaria, fundamentalista y antiecuménica".

"Tampoco se puede ignorar que los principios del mercado son parte inseparable del desarrollo histórico de la humanidad, pero cualquier hombre racional tiene todo el derecho a rechazar la pretendida perennidad de tales principios de carácter social como base del ulterior desarrollo de la especie humana".

"Sería mucho más exacto decir que sin igualdad y fraternidad, que fueron lemas sacrosantos de la propia revolución burguesa, no puede haber jamás libertad, y que la igualdad y la fraternidad son absolutamente incompatibles con las leyes del mercado".

"Es hipócrita afirmar que la libertad del hombre y la absoluta libertad del mercado son conceptos inseparables, como si las leyes de este, que han originado los sistemas sociales más egoístas, desiguales y despiadados que ha conocido el hombre, fuesen compatibles con la libertad del ser humano, al que el sistema convierte en una simple mercancía".