“En medio de tanta euforia nadie puede asegurar hasta cuándo el sistema económico de Estados Unidos, regido por las ciegas leyes de la economía de mercado, puede impedir que el globo financiero estalle. No hay milagros económicos."

"(...) hoy para ser economistas del pueblo --repito-- deben ser economistas políticos; y los políticos deben ser políticos, con un mínimo de conocimientos económicos y si es posible con un máximo de conocimientos en ese campo, que hoy es la base realmente sobre la cual se está jugando el destino la humanidad, la base sobre la cual se desarrollan nuestras luchas. Y los políticos que no entiendan, o no quieran entender, o que no se esmeren en conocer la economía, no son dignos de ejercer las funciones que ejerzan como tales políticos". 

“Dedíquense al fomento del desarrollo sostenible al menos una fracción de los gigantescos recursos financieros que aún hoy, desaparecida la guerra fría y alejado el peligro de una confrontación nuclear, se dedican a los gastos militares”.

“No somos nosotros los responsables principales de los fenómenos que hoy acechan a todos los países del Tercer Mundo, y entre ellos a los del Caribe. El verdadero desarrollo sostenible al que nuestros pueblos aspiran se funda ante todo sobre la liquidación de un orden económico internacional injusto que mantiene a nuestros pueblos en el subdesarrollo y el atraso”.

“Distribúyase mejor la riqueza a nivel mundial, redúzcase el despilfarro en las sociedades más ricas, impídase la transferencia al Tercer Mundo de hábitos de consumo que agreden al medio y distorsionan nuestras economías, bríndese acceso a todos los pueblos a las tecnologías disponibles, y se habrá hecho algo concreto en favor del desarrollo de las dos terceras partes de la humanidad”.

“Se nos trata de imponer un orden económico en que nuestros países pequeños y pobres no tendrán otro futuro que el de convertirse en una inmensa zona franca donde la industria y el capital de los poderosos obtengan mano de obra barata, destruyan nuestro medio ambiente, agoten nuestros recursos y multipliquen sus ganancias sin pagar siquiera impuestos, cuando ya esos países no cuenten tampoco con los modestos ingresos aduanales que antes recibían”.

“Se pretende dar igual tratamiento a países con capacidades y niveles de desarrollo muy distintos, lo cual es profundamente injusto. Nuestras economías especialmente atrasadas y vulnerables, consecuencia lógica de siglos de coloniaje, esclavitud y saqueo, sin esquemas preferenciales y un aporte considerable de recursos no reembolsables procedentes del exterior, no podrían participar jamás con éxito en la economía mundial”.

“Dentro de nuestra concepción revolucionaria y verdaderamente socialista, cabe perfectamente la idea de la inversión extranjera, y el máximo de posibilidades, garantías y seguridad para los que inviertan en nuestro país”.

“Hay un peligro que es el más terrible de todos: sencillamente que este orden económico mundial tarde tanto en desaparecer que desaparezcan primero las condiciones naturales de vida para la especie humana; y no estoy exagerando ni un átomo, eso es algo que científica y matemáticamente se puede probar.  Quizás sea en ese sentido en que pueda urgir acelerar la marcha, cuando todavía es tiempo, apretadamente, de que la naturaleza pueda ser salvada”.

“A medida que transcurre el tiempo y aceleradamente se globaliza el mundo, aceleradamente se establece un orden económico mundial insostenible e insoportable, las ideas, que son la materia prima con la que se forman conciencias, son la materia prima por excelencia de la ideología”.

"Algunos en sus angustias, incertidumbres y dudas, buscan alternativas eclécticas.  El mundo, sin embargo, no tiene otra alternativa a la globalización neoliberal, deshumanizada, moral y socialmente indefendible, ecológica y económicamente insostenible, que una distribución justa de las riquezas que los seres humanos sean capaces de crear con sus manos laboriosas y fecunda inteligencia".

"Ojalá no sea mediante crisis económicas catastróficas que aparezcan soluciones.  Miles de millones de personas del Tercer Mundo serían las más afectadas.  Un elemental sentido de las realidades tecnológicas y del poder destructivo de las armas modernas, nos obliga a pensar en el deber de impedir que los conflictos de intereses que inevitablemente se desatarán conduzcan a guerras sangrientas".