“Con nuestra vergüenza, con nuestra dignidad, con nuestro honor, con nuestro patriotismo, con nuestra conciencia revolucionaria, con nuestro espíritu, seremos capaces de vencer cualquier obstáculo que pueda sobrevenir. Pero de hecho, ya nuestro pueblo —podemos decirlo con orgullo— está escribiendo una página histórica sin precedente”.

“Yo podría definir la Iglesia de la Liberación o la Teología de la Liberación, como un reencuentro del cristianismo con sus raíces, con su historia más hermosa, más atractiva, más heroica y más gloriosa (…)”

“Yo creo que tocios los mártires de la Iglesia lo fueron seguramente por un sentimiento de lealtad, por algo en lo que creían firmemente. Puede haberlos ayudado, desde luego, la idea de otra vida en que su acción sería premiada, pero no creo que fuera el móvil fundamental. En general, la gente que hace algo por temor teme más al fuego, teme al martirio, teme a la tortura, no se atreve a desafiarlos. Las personas que se preocupan por obtener bienes materiales, placeres, premios, tratan de preservar la vida y no la sacrifican. Yo creo que los mártires que tuvo la Iglesia a lo largo de su historia, tienen que haber sido movidos por algo más inspirador que el temor o el castigo. Entender eso es mucho más fácil para cualquiera de nosotros”.

El partido. Nuestro partido Comunista, el mejor fruto de la Revolución y garantía por excelencia de su continuidad histórica.

“Esperamos que no se repitan contra Nicaragua las aventuras imperialistas de intervención y de impulso a la contrarrevolución. Claro está, no podemos hacernos ilusiones. No vamos a pensar que la reacción va a dejar en paz a la Revolución nicaragüense, no obstante su magnanimidad, su espíritu amplio, sus propósitos democráticos”.