“Pero quizás lo más repugnante y doloroso de hechos como el que hoy conmemoramos, es que si al principio mataban para impedir la Revolución, casi puede asegurarse que el crimen de Barbados se comete para vengarse de una revolución, respecto a la cual no tienen ya ninguna esperanza de impedirla”.

“Hay un campo, sin embargo, en que los pueblos se pueden resarcir de heridas tan profundas. Y hay un castigo para los contrarrevolucionarios peor que todos los demás castigos, y es la propia Revolución, sus esfuerzos, sus éxitos, su marcha victoriosa. Hay un castigo para los criminales mayor que ningún otro, y es cuando el crimen que pensaron convertir en un arma para desalentar al pueblo, para atemorizar al pueblo, se convierte en energía para el pueblo, en fuerza para el pueblo, y en la multiplicación del valor del pueblo. Hay un castigo al que no se resignarán jamás: la derrota de sus ideas”.

“Asesinar es repugnante, asesinar a hombres desarmados y amarrados es, sencillamente, monstruoso, y da idea de lo que podría esperar nuestro pueblo, de lo que podrían esperar nuestros jóvenes, nuestros estudiantes, nuestras madres, nuestros combatientes, de la contrarrevolución, de la reacción y del imperialismo, si lograran imponer sus designios en esta tierra, si lograran aplastar la heroica resistencia de nuestro pueblo”.

“Yo, realmente, cuando (los terroristas) organizan muchos planes de esos, en vez de ponerme triste, me pongo contento porque, en definitiva, el desafío es lo que más me gusta. Ellos saben que a mí me gusta el desafío, ellos saben que yo no voy a caminar por allá si ellos están por aquí; yo camino por aquí, por una cuestión de principio, por una cuestión de honor. Y muchas veces voy, me les acerco y converso, y discuten, pero no tienen argumentos, no tienen ideas que discutir, y muchas veces, o casi nunca, o nunca, tienen el valor de hacer las cosas.”

“Recuerdo cuando visité a Chile en la época de Allende que estuvieron organizando atentados a lo largo de la gira que duró como 20 días, e incluso en cierto momento delante de mí había una cámara de esas que tenía las armas dentro. Yo he hablado delante de cámaras que tienen las armas puestas, pero no son fanáticos, no son fundamentalistas, son mercenarios, y los mercenarios quieren vivir para disfrutar el pago que les dan, y así, aquella vez que estuvieron con la cámara delante, no se atrevieron a apretar el disparador de las armas.”

El enemigo no cesa en su empeño de destruirnos. Hay dos concepciones: la de los elementos de extrema derecha en la política de Estados Unidos que sueñan con estrangularnos con un bloqueo económico todavía más férreo si fuera posible y barrernos por cualquier medio de la faz de la tierra. Son los que promueven leyes como la Helms-Burton, bien conocida y analizada por nuestro pueblo, y otras medidas draconianas. Son los que nos quieren destruir desde fuera.
La otra concepción es la de los que quieren penetrarnos, reblandecernos, crear todo tipo de organizaciones contrarrevolucionarias y desestabilizar el país cualesquiera que sean las consecuencias. Hay toda una teoría elaborada con un programa diseñado para ello. Estos quieren ejercer su influencia mediante intercambios amplios con diversos sectores que consideran permeables, conceder jugosas becas, deslumbrarnos con sus instituciones millonarias, sus tecnologías, sus centros de investigación social. No autorizan a los norteamericanos a viajar, conocer y descansar en Cuba, pero están dispuestos a enviar a las universidades a sociólogos, filósofos, historiadores, cubanólogos, profesores de inglés y otros académicos para "ilustrarnos". Eso sí, por nada del mundo un profesor de cibernética, computación o áreas de la tecnología que no tengan que ver con la ideología y pudieran ser de alguna utilidad al país. Es decir, el llamado Carril Dos de la ley Torricelli. Esos son los que quieren destruirnos desde dentro.
Hay muchos valiosos y nobles norteamericanos de todas las esferas, incluidos hombres de negocios, que no participan de ninguna de esas concepciones.
Mientras tanto, desde territorio de Estados Unidos --y esto es muy grave--, de manera bastante descarada, se organiza y se trabaja activamente en la preparación y realización de actos terroristas contra el pueblo y áreas vitales de la economía, y una vez más planes de atentado contra los dirigentes de la Revolución, en los que trabajan frenéticamente. Centro fundamental de tales acciones es la llamada Fundación Nacional Cubano-Americana. Es absolutamente imposible que la CIA y el FBI no conozcan de estos planes cuando se supone que tengan penetradas esas organizaciones, muchos de cuyos miembros han estado en relaciones con ellos.
Hoy día, con la apertura de nuestro país al turismo y la posibilidad de viajar en ambas direcciones entre Cuba y Estados Unidos, estos planes se facilitan, y la introducción de medios por distintas vías para llevarlos a cabo es más factible.
Nuestros cuerpos de seguridad están alertas en relación con estas actividades y trabajan en la prevención de tales hechos.
No hablamos sin pruebas, lo advertimos a tiempo y esperamos que nadie se lamente después del rigor con que las leyes revolucionarias sancionen estos crímenes, ni se intente apelar a la generosidad de la Revolución.
A esto se añade el hecho de que desde el territorio de Estados Unidos, más de mil horas semanales de radio incitan a la realización de sabotajes, actividades contra la economía y asesinatos de dirigentes políticos.
Es absolutamente vergonzoso, después del brutal crimen de Oklahoma, que desde Estados Unidos se organice y se intente llevar a cabo actos de terrorismo contra Cuba.
Lo dicho hasta aquí da idea de cuán ardua es y será nuestra lucha. Téngase además en cuenta que ese país está en proceso electoral, y los elementos de extrema derecha que hoy controlan la mayoría del Congreso de Estados Unidos aspiran no solo a barrer las medidas sociales que se originaron en tiempos de Roosevelt, sino también a ocupar el gobierno de Estados Unidos con todas las consecuencias que ello podría tener para el mundo.

“Hacia Cuba, desde Estados Unidos, se trasmiten alrededor de 1 000 horas semanales de radio promoviendo la subversión, los sabotajes a la economía, atentados. Esta modesta persona que ustedes ven aquí tiene el privilegio --y yo creo que la Iglesia debe tener algo que ver con eso-- de haber sobrepasado cientos de planes de atentados. Creo que las oraciones de ustedes o de muchos de ustedes están presentes en eso; algo tiene que haber, puesto que, bueno, ¿cómo habrá sido posible?”

“Les puedo asegurar que contra nosotros se elaboraron tantos planes de atentados, que yo le podría regalar uno a cada uno de los que están aquí presentes; no quiero ni mucho menos, pero explica un poco ese milagro de que esté conversando con ustedes, porque de acuerdo con el cálculo de las probabilidades debía estar en el más allá, pero les aseguro que no sería en el infierno. No voy a discutir creencias, en el purgatorio tampoco porque ya hemos atravesado un largo purgatorio durante mucho tiempo. En el cielo, seguramente; pero es que no hemos buscado para nosotros el cielo. Sí puedo decirles que para nuestro pueblo hemos querido buscar el cielo. Esa ha sido nuestra lucha.”

“¿Cómo podemos llamar los intentos de asesinar a nuestra gente, a los propios dirigentes de la Revolución; los atentados, los crímenes, las amenazas; la introducción, incluso, de enfermedades; el prohibir vender aunque sea una aspirina? Cuando les digo esto a algunos visitantes no lo quieren creer, que no se puede comprar una aspirina. Así ocurre cada vez que vamos a comprar un equipo, cuando vamos a comprar algo para la salud del pueblo, lo prohíben de manera categórica, total. ¿Qué constituye eso, sino una falta de moralidad gigantesca que ha durado decenas de años?”

 

“Todo el mundo sabe que organizaron decenas de planes de atentados, aparte de los planes inducidos, porque hay planes directos en que participó la CIA y planes inducidos en que era toda una campaña, una prédica para que cualquier loco, cualquier desafecto cometiera un asesinato; pero planes organizados directamente por ellos y por los grupos que estaban al servicio de ellos, decenas y decenas de planes. Bueno, hasta que una Comisión del Congreso norteamericano hace las investigaciones y comprueba un número de todos esos planes. Ya no era Cuba quien lo decía. Si Cuba decía algo, era cosa de Cuba; pero ya si lo decía una comisión de senadores de Estados Unidos, entonces sí era un hecho reconocido.”

“Creo que ostento el dudosamente estimulante récord de haber sido blanco u objetivo de más planes de atentados que ningún otro político en ningún otro país y en ninguna otra época; y como no han tenido suerte, no han tenido éxito, a cada rato me enferman, me matan.”

"Si los revolucionarios no se defienden, su causa es derrotada y tienen que pagarlo con sus vidas... De los fanáticos no habríamos podido librarnos; yo sí que no hubiera salido vivo de los cientos de planes de atentados que elaboraron contra mí. Una vez me tuvieron delante una cámara como esa (hasta más cerca) —que nos filmaba—, tenía dentro una ametralladora, cuando visité Chile en 1971, (en una conferencia de prensa). Ellos seguramente iban a morir allí si disparaban con aquella arma. Pero cuando la vida está en peligro no disparan."