Bailarines venezolanos cautivan al público cubano
Bailarines de la compañía venezolana Teresa Carreño suscitaron aquí la admiración del público cubano tras dos primeras presentaciones en el XXI Festival internacional de Ballet de La Habana.
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Bailarines de la compañía venezolana Teresa Carreño suscitaron aquí la admiración del público cubano tras dos primeras presentaciones en el XXI Festival internacional de Ballet de La Habana.

En el capitalino teatro América, el mismo que acogió hace décadas a figuras de renombre mundial como Libertad Lamarque, Lola Flores y Josephine Baker, los artistas de ese país suramericano se insertaron la víspera en un programa-concierto con dos estrenos en la isla.

De estos, el pas de deux Passion, a cargo de Rosselyn Ramírez y Javier Solano, bordea los códigos de la danza contemporánea en una trama que enfrenta el deseo carnal con el antagonismo genérico del hombre y la mujer.

Esa pieza, del chileno Héctor Sanzana, demanda en los intérpretes una fuerte carga expresiva y transiciones que van de la angustia al sobresalto, sin eludir la rudeza de algunos pasos que acentúan el estrecho diálogo.

Por otro lado, el pas de deux La cenicienta, con coreografia de Vicente Nebrada, acerca al espectador a la conocida obra homónima literaria en una suerte de derroche estilístico que apuesta por el tecnicismo neoclásico.

El dueto de Cristina Amaral y Federico Fernández exhibe una indudable fusion de caracteres, que deriva en acabado pulcro, fino, sensual.

A la pareja de Alejandra Martínez y Walter Castillo correspondió el pas de deux de Espartaco, del ruso Yuri Grigorivich, que alude a la leyenda del héroe mitológico.

Sobresale en ellos la seguridad y precisión de movimientos, el dominio de la puntas (en la parte femenina) y cargadas que logran una plasticidad a la hora de transmitir con los gestos la narración dancística.

La muerte del cisne que encarna Cristina Gallardo conmovió al auditorio por su virtuosismo, a todas luces digno de rigurosos estudios y convincentes dotes histriónicas.

Fundado en 1979, el Ballet Teresa Carreño ha llenado una brillante etapa del quehacer danzario venezolano en más de un cuarto de siglo.

Con un repertorio que incluye numerosas obras de estilo neoclásico, pertenecientes al maitre y coreógrafo Vicente Nebrada -su director desde 1987 al 2002-, actualmente abre sus horizontes con lo mas granado del talento nacional.

Incorpora, además versiones de la gran tradición romántico-clásica,  entre ellas La bella durmiente, El lago de los cisnes, Cascanueces, Coppelia y El corsario.

Los balletómanos cubanos todavía podrán admirar a la compañía venezolana el próximo lunes en el teatro Cárdenas, de la provincia de Matanzas, unos 140 kilómetros al este de la urbe habanera.

El jueves de la semana entrante actuará en la gala de clausura del XXI Festival Internacional de Ballet de La Habana.