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Bolívar y Martí tienen mucho que hacer en América todavía
Cada día tengo mayor satisfacción al recordar que la Generación del Centenario de Martí, la de Fidel, desde hace más de medio siglo mantiene la cultura ética como tema central; ahí está la clave: cultura, ética, derecho y política solidaria. En la articulación de estas cuatro categorías se halla la fórmula del amor triunfante y del equilibrio del mundo postulada por el Maestro.
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PL
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Cada día tengo mayor satisfacción al recordar que la Generación del Centenario de Martí, la de Fidel, desde hace más de medio siglo mantiene la cultura ética como tema central; ahí está la clave: cultura, ética, derecho y política solidaria. En la articulación de estas cuatro categorías se halla la fórmula del amor triunfante y del equilibrio del mundo postulada por el Maestro. Es necesario precisar qué entendemos por cada una de ellas:
Cultura: cuya categoría primigenia y superior es la justicia.
Ética: definida como lo hizo el maestro fundador de la escuela cubana José de la Luz y Caballero cuando postuló que la justicia es el sol mundo moral.
Derecho: Como lo definiera José Martí, Existe en el hombre la fuerza de lo justo y este es el primer estado del Derecho. Política solidaria: en su sentido más universal y abarcador del término, es decir Con todos y para el bien de todos.
En cuanto a la ética, recordemos que nunca en la historia de las ideas de Occidente se hizo un profundo análisis filosófico científico de la ética que pudiera dar luz sobre su importancia práctica. La principal dificultad se halla en que, no obstante el alto desarrollo de la ciencia y de la llamada edad moderna, nunca se alcanzó a realizar un examen riguroso, sobre bases científicas, acerca papel de la moral. El proceso de fragmentación acelerado por el imperialismo ha llegado al extremo de formular la tesis de que la historia es una simple cronología de hechos. Pensar así equivale ir más atrás, no solo de Hegel sino de Herodoto, síntoma inequívoco de su decadencia. Olvidan el hecho de que a los países les sucede como a los hombres: cuando pierden la memoria no sabe dónde van, ni cómo concebir el futuro.
Una prueba de la fuerza real de la ética la da el hecho de que las religiones la han tomado como elemento esencial. Siempre fue un asunto fundamental de todas las religiones, incluso desde una concepción metafísica, a través de la ética se envía el mensaje de las ideas. Por eso, Martí dijo que Dios estaba en la idea del bien. Nosotros, procurando buscar la idea del bien en la práctica concreta de la vida y de la historia, tenemos que analizar la importancia de las condiciones económico-sociales y del desarrollo cultural en general.
En relación con el derecho, recuerdo, como postulaba Martí, que lo esencial estaba en la justicia. Subrayaba también el Apóstol:
Todo hombre es una fiera dormida. Es necesario poner riendas a la fiera. Y el hombre es una fiera admirable: le es dado levar las riendas de sí mismo.
Las riendas están en la cultura, y el derecho es la única forma culta de ejercer la violencia; y cuando se viola la ley y se crean condiciones para la violencia, se están creando situaciones graves en el orden público. Este es uno de los temas esenciales que debiéramos discutir a la luz de la tradición ética y jurídica cubana.
En cuanto a la política solidaria, recordemos que Martí era un hombre radical y al mismo tiempo armonioso. Hay quienes son radicales y no son armoniosos, por ello crean innumerables problemas. Hay quienes intentan ser armoniosos y no son radicales, y no logran nada realmente efectivo. El pensamiento revolucionario de Martí está insertado en estas dos categorías fundamentales: armonioso y radical.
Ha llegado la hora de superar esquemas y dogmatismos que nos llegaron de fuera con diferentes etiquetas y estudiar la vida y la obra de todos los pensadores y forjadores de grandes ideas a lo largo de la historia. Es la única forma política y científica para hallar un camino que nos libere de los sistemas opresivos y nos permita arribar a una genuina humanidad, como la que soñaron los grandes utópicos. Y esto solo lo podemos hacer con principios científicos y cultivando el amor y la solidaridad.
Por estas razones, hemos venido insistiendo en la necesidad de estudiar lo que hemos llamado cultura de hacer política, presente en Martí y en Fidel. Promover estas investigaciones, sobre el fundamento del pensamiento de Bolívar y de Martí, es un deber con la ciencia histórica, con el pensamiento filosófico y con el futuro político de América y del mundo.
Esas investigaciones profundas, partir del método electivo de la tradición filosófica cubana, de la vida y obra de los precursores Francisco de Miranda, Simón Rodríguez, Félix Varela, José de la Luz y Caballero podrían mostrarnos los hilos invisibles, de que nos habló Martí, que unen a los hombres en la historia. Ellos asumieron el más elevado pensamiento filosófico, político y social del viejo mundo, lo reelaboraron y así concibieron la América nuestra.
Si en Europa pusieron en antagonismo las ideas de unos sabios respecto de otros, América buscó siempre la articulación y la armonía, por eso ha podido recrear el pensamiento universal y situarlo como la opción necesaria del siglo XXI. Mientras que en Europa se divide y antagoniza el patrimonio de sus sabios, en América se promueve la mejor síntesis del pensamiento de todos sus sabios sobre el fundamento de la justicia como sol del mundo moral y del derecho, en cuya esencia está la búsqueda de la justicia por el hombre. Esa es América, la de Bolívar y Martí, dos gigantes que junto a la inmensa legión de próceres y pensadores, constituyen referentes indispensables para la búsqueda de los caminos que conducen al socialismo del siglo XXI.
Cultura: cuya categoría primigenia y superior es la justicia.
Ética: definida como lo hizo el maestro fundador de la escuela cubana José de la Luz y Caballero cuando postuló que la justicia es el sol mundo moral.
Derecho: Como lo definiera José Martí, Existe en el hombre la fuerza de lo justo y este es el primer estado del Derecho. Política solidaria: en su sentido más universal y abarcador del término, es decir Con todos y para el bien de todos.
En cuanto a la ética, recordemos que nunca en la historia de las ideas de Occidente se hizo un profundo análisis filosófico científico de la ética que pudiera dar luz sobre su importancia práctica. La principal dificultad se halla en que, no obstante el alto desarrollo de la ciencia y de la llamada edad moderna, nunca se alcanzó a realizar un examen riguroso, sobre bases científicas, acerca papel de la moral. El proceso de fragmentación acelerado por el imperialismo ha llegado al extremo de formular la tesis de que la historia es una simple cronología de hechos. Pensar así equivale ir más atrás, no solo de Hegel sino de Herodoto, síntoma inequívoco de su decadencia. Olvidan el hecho de que a los países les sucede como a los hombres: cuando pierden la memoria no sabe dónde van, ni cómo concebir el futuro.
Una prueba de la fuerza real de la ética la da el hecho de que las religiones la han tomado como elemento esencial. Siempre fue un asunto fundamental de todas las religiones, incluso desde una concepción metafísica, a través de la ética se envía el mensaje de las ideas. Por eso, Martí dijo que Dios estaba en la idea del bien. Nosotros, procurando buscar la idea del bien en la práctica concreta de la vida y de la historia, tenemos que analizar la importancia de las condiciones económico-sociales y del desarrollo cultural en general.
En relación con el derecho, recuerdo, como postulaba Martí, que lo esencial estaba en la justicia. Subrayaba también el Apóstol:
Todo hombre es una fiera dormida. Es necesario poner riendas a la fiera. Y el hombre es una fiera admirable: le es dado levar las riendas de sí mismo.
Las riendas están en la cultura, y el derecho es la única forma culta de ejercer la violencia; y cuando se viola la ley y se crean condiciones para la violencia, se están creando situaciones graves en el orden público. Este es uno de los temas esenciales que debiéramos discutir a la luz de la tradición ética y jurídica cubana.
En cuanto a la política solidaria, recordemos que Martí era un hombre radical y al mismo tiempo armonioso. Hay quienes son radicales y no son armoniosos, por ello crean innumerables problemas. Hay quienes intentan ser armoniosos y no son radicales, y no logran nada realmente efectivo. El pensamiento revolucionario de Martí está insertado en estas dos categorías fundamentales: armonioso y radical.
Ha llegado la hora de superar esquemas y dogmatismos que nos llegaron de fuera con diferentes etiquetas y estudiar la vida y la obra de todos los pensadores y forjadores de grandes ideas a lo largo de la historia. Es la única forma política y científica para hallar un camino que nos libere de los sistemas opresivos y nos permita arribar a una genuina humanidad, como la que soñaron los grandes utópicos. Y esto solo lo podemos hacer con principios científicos y cultivando el amor y la solidaridad.
Por estas razones, hemos venido insistiendo en la necesidad de estudiar lo que hemos llamado cultura de hacer política, presente en Martí y en Fidel. Promover estas investigaciones, sobre el fundamento del pensamiento de Bolívar y de Martí, es un deber con la ciencia histórica, con el pensamiento filosófico y con el futuro político de América y del mundo.
Esas investigaciones profundas, partir del método electivo de la tradición filosófica cubana, de la vida y obra de los precursores Francisco de Miranda, Simón Rodríguez, Félix Varela, José de la Luz y Caballero podrían mostrarnos los hilos invisibles, de que nos habló Martí, que unen a los hombres en la historia. Ellos asumieron el más elevado pensamiento filosófico, político y social del viejo mundo, lo reelaboraron y así concibieron la América nuestra.
Si en Europa pusieron en antagonismo las ideas de unos sabios respecto de otros, América buscó siempre la articulación y la armonía, por eso ha podido recrear el pensamiento universal y situarlo como la opción necesaria del siglo XXI. Mientras que en Europa se divide y antagoniza el patrimonio de sus sabios, en América se promueve la mejor síntesis del pensamiento de todos sus sabios sobre el fundamento de la justicia como sol del mundo moral y del derecho, en cuya esencia está la búsqueda de la justicia por el hombre. Esa es América, la de Bolívar y Martí, dos gigantes que junto a la inmensa legión de próceres y pensadores, constituyen referentes indispensables para la búsqueda de los caminos que conducen al socialismo del siglo XXI.