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Cuba: Mural de la Prehistoria, seductor tras desastres naturales
Esculpido sobre piedras jurásicas, el Mural de la Prehistoria preserva su encanto como una de las mayores pinturas a cielo abierto del orbe, que evoca la evolución geológica del occidente cubano.
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PL
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Esculpido sobre piedras jurásicas, el Mural de la Prehistoria preserva su encanto como una de las mayores pinturas a cielo abierto del orbe, que evoca la evolución geológica del occidente cubano.
El fresco de 120 metros de alto, situado en el municipio de Viñales, sobrevivió a los embates de los demoledores huracanes Gustav e Ike, los que azotaron a esta provincia de forma sucesiva en agosto y septiembre pasados.
Creado a mediados del siglo XX por el pintor y científico Leovigildo González (discípulo del muralista mexicano Diego Rivera) luce aún llamativos colores gracias al empleo de esmaltes resistentes a la erosión y al impacto de los fenómenos atmosféricos.
Un sistema de drenaje, diseñado especialmente para ese sitio, evita la acumulación de agua entre las rocas que integran el conjunto artístico.
A pesar de su buen estado de conservación expertos de la zona retocan algunos segmentos de la pintura con el fin de prevenir futuros daños, explicó a Prensa Latina Segundo Román, gerente del centro turístico ubicado en ese paraje.
Andar por estos predios es siempre una aventura que nos revela una topografía peculiar salpicada de leyendas, hallazgos y grandes trazos diseñados para dar vida a criaturas pretéritas.
En el sui géneris cuadro sobresale la imagen de los primeros hombres que habitaron este extremo del archipiélago, conocidos como guanahatabeyes, quienes vivían de los frutos proporcionados por la caza, la pesca y la recolección.
Junto a las figuras humanas destacan las de grandes mamíferos como el megalocnus (ya desaparecido) y los amonites, moluscos de más de 70 millones de años de antigüedad.
Muy cerca simulan emerger de las profundidades reptiles marinos mesozoicos, entre otros representantes del reino animal que encontraron abrigo en esta demarcación en épocas inmemoriales.
Estudiosos recuerdan que en un inicio fue necesario eliminar la capa vegetal que cubría el farallón, más de una veintena de campesinos se ofrecieron para la riesgosa tarea sujetos por correas de paracaídas para escalar hasta la cumbre.
Tras la restauración de su complejo de restaurantes, dañado por los meteoros, el Mural de la Prehistoria se apresta a recibir a más de cuatro mil visitantes mensualmente, la mayoría de ellos provenientes de Canadá, Alemania y España.
Tendidos sobre la hierba o a la sombra del añejo mogote lugareños y viajeros aprecian cada año el hechizo de la majestuosa obra que desnuda los secretos y transformaciones de la naturaleza.
El fresco de 120 metros de alto, situado en el municipio de Viñales, sobrevivió a los embates de los demoledores huracanes Gustav e Ike, los que azotaron a esta provincia de forma sucesiva en agosto y septiembre pasados.
Creado a mediados del siglo XX por el pintor y científico Leovigildo González (discípulo del muralista mexicano Diego Rivera) luce aún llamativos colores gracias al empleo de esmaltes resistentes a la erosión y al impacto de los fenómenos atmosféricos.
Un sistema de drenaje, diseñado especialmente para ese sitio, evita la acumulación de agua entre las rocas que integran el conjunto artístico.
A pesar de su buen estado de conservación expertos de la zona retocan algunos segmentos de la pintura con el fin de prevenir futuros daños, explicó a Prensa Latina Segundo Román, gerente del centro turístico ubicado en ese paraje.
Andar por estos predios es siempre una aventura que nos revela una topografía peculiar salpicada de leyendas, hallazgos y grandes trazos diseñados para dar vida a criaturas pretéritas.
En el sui géneris cuadro sobresale la imagen de los primeros hombres que habitaron este extremo del archipiélago, conocidos como guanahatabeyes, quienes vivían de los frutos proporcionados por la caza, la pesca y la recolección.
Junto a las figuras humanas destacan las de grandes mamíferos como el megalocnus (ya desaparecido) y los amonites, moluscos de más de 70 millones de años de antigüedad.
Muy cerca simulan emerger de las profundidades reptiles marinos mesozoicos, entre otros representantes del reino animal que encontraron abrigo en esta demarcación en épocas inmemoriales.
Estudiosos recuerdan que en un inicio fue necesario eliminar la capa vegetal que cubría el farallón, más de una veintena de campesinos se ofrecieron para la riesgosa tarea sujetos por correas de paracaídas para escalar hasta la cumbre.
Tras la restauración de su complejo de restaurantes, dañado por los meteoros, el Mural de la Prehistoria se apresta a recibir a más de cuatro mil visitantes mensualmente, la mayoría de ellos provenientes de Canadá, Alemania y España.
Tendidos sobre la hierba o a la sombra del añejo mogote lugareños y viajeros aprecian cada año el hechizo de la majestuosa obra que desnuda los secretos y transformaciones de la naturaleza.