La telaraña imperial, una indagación reveladora
La casa editorial Ciencias sociales puso en manos de los lectores la edición cubana de un libro apasionante, La telaraña imperial. Enciclopedia de injerencia y subversión, de la norteamericano-venezolana Eva Golinger y su colega, el sociólogo francés Roman Migus.
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Prensa Latina
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La casa editorial Ciencias sociales puso en manos de los lectores la edición cubana de un libro apasionante, La telaraña imperial. Enciclopedia de injerencia y subversión, de la norteamericano-venezolana Eva Golinger y su colega, el sociólogo francés Roman Migus.

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Ambos se lanzan a fondo en las aguas oscuras del capitalismo neoliberal para sacar a flote sus estructuras, estrategias de dominio y expansión hilvanadas en un entramado siniestro.

Recién presentado en la 20 feria editorial Cuba 2011, tuvo un anticipo en la de 2009, en manos de Golinger, quien viajó la isla con un reducido número de ejemplares y la promesa de una impresión en la isla.

La oportunidad llegó con la cesión de los derechos de publicación del sello venezolano Monte Avila a su colega Ciencias sociales, traducidos en dos mil ejemplares a la venta. El texto ilustra, con pulso certero, los rumbos de un sistema en que lo político y lo económico, sustentados en el empuje arrasante de las transnacionales, devienen envés del espejo.

Concebido como una enciclopedia de amplio registro, La telaraña imperial consumió a sus autores seis años de acuciosa investigación y es el primer paso de un proyecto que prevé actualizaciones periódicas.

A partir de la cadena de injerencias y subversiones de gran magnitud de que ha sido objeto Venezuela por parte de Estados Unidos y sus aliados, Golinger y Migus demuestran cómo ambos componentes funcionan en una interacción permanente y "definen las orientaciones políticas y económicas que imponen después al resto de la humanidad".

Al servicio de ese objetivo, el capitalismo pone en marcha los engranajes de un telar metafórico, en el que confluyen, cobijados en las sombras, los distintos sectores del poder económico, político, militar y también el de las comunicaciones -usualmente considerados independientes-, para elaborar visiones y acciones comunes.

El lugar de encuentro son las fundaciones, los "think tank" o centros de estudio, los institutos con respaldo financiero de las transnacionales, por cuyos consejos de administración transitan los políticos, en un ir y venir constante desde estos hacia las administraciones públicas.

En el volumen afloran las agresiones perpetradas contra Venezuela, desde la llegada al poder del presidente Hugo Chávez y el inicio de una Revolución Bolivariana de profunda raíz y proyección sociales.

A flote emerge el papel desempeñado, en esa maniobra desestabilizadora, por empresas, agencias gubernamentales, organizaciones no gubernamentales, personajes, instituciones y un sin número de eslabones de la gran red de brazos múltiples.

La conexión es a veces estrecha, y a veces lejana, pero sus hilos se mueven al conjuro de la telaraña. Una de sus variantes, según subraya Golinger, es la llamada guerra asimétrica o de cuarta generación, la subversión, la contrainsurgencia, dirigida a la población, "lo que estamos viviendo hoy en América Latina".

Uno de los motores en la intensificación de esa estrategia es, por ejemplo, la United States Agency for Internacional Development (USAID), que despunta entre una madeja de agencias de servicios clandestinos disfrazadas de entidades públicas. Venezuela ha sido un claro exponente de la aplicación de esa cadena siniestra de subversión e injerencia, financiada por Estados Unidos, de la cual fluyen sabotajes mediáticos, golpes de Estado, intentos de magnicidio, guerras mediáticas, operaciones psicológicas, sabotajes económicos, espionaje, infiltraciones, entre otras muchas.

Blanco permanente de Washington, la nación suramericana no lo es solo por la profundidad de su vuelco histórico sino por su condición de gran exportadora y productora de petróleo, dueña de las mayores reservas del llamado oro negro en el mundo. Por idénticas razones, es punto de mira permanente de las transnacionales.

Apoyados en una documentación profusa, en el dato preciso respaldado por una bibliografía abundante y bien repasada -que abarca documentales, páginas webs, centros de estudio, artículos, libros, ensayos- Golinger y Migus arrojan luz sobre las relaciones encubiertas puestas en juego, muchas veces bajo aparentes fines nobles.

La Enciclopedia va desmontando esos soportes, en un recorrido de la A a la Z, con un lenguaje dinámico, que abre paso a la información concluyente, y la sencillez como aliada de una investigación exhaustiva, con nexos referenciales que le añaden un jugo extra.

Por sus páginas desfilan, identificadas con su santo y seña, sus acciones y su pasado, empresas, agencias gubernamentales, organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación, personajes como Rockefeller, Elliot Abrams, Henry Kissinger u Orlando Bosch, compañías de telecomnicaciones, términos como guerra electrónica.

El libro puede leerse a voluntad del lector, pasando de una ficha a otra o entrecruzándolas en un itinerario sugestivo, como quien sigue una pista de varios senderos conducidos por la sagacidad y pericia de los autores, para iluminar los recodos e intersticios más recónditos. Ante el lector emerge el funcionamiento de la organización real del capitalismo, desde su lado más desconocido, "todas las instituciones que participan en la gran guerra del capital contra la humanidad, sin las cuales el capitalismo no podría existir".

Texto de ineludible referencia, La telaraña imperial sirve también para mirar hacia atrás y comprobar cómo los mecanismos de subversión e injerencia siempre se han puesto en marcha, solo que en forma menos refinada, aunque igualmente brutal, como ocurrió en Cuba, en el Chile y Brasil de los años 60 del siglo XX, y tantas otras zonas de la América mestiza.

Fue en la época en que sentaron, en su trono de sangre, a las dictaduras militares, los gorilatos.

Acostumbrado a considerar este lado del mundo como un traspatio inmenso y solitario, el triunfo de la Revolución cubana y su solidez, le demostró a Estados Unidos, a solo 90 millas, que la realidad podía ser muy distinta, como lo prueba la insurgencia social desembocada en los procesos recientes de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Contra esos procesos en marcha, devenidos duro golpe a sus apetencias frustradas, el capitalismo en su fase neoliberal ha fraguado un entramado mucho más sofisticado, encubierto, ramificado en la sombra, de una perfidia mayor, aceitado y enmascarado bajo otro ropaje.

Un ropaje de extensiones sin término, que involucra a un sin fin de personas, mientras otras quedan atrapadas en la telaraña de esa red siniestra. Como afirma Gabriel García Márquez, América Latina no puede apagar las luces para dormir.