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Las sílfides o la sencillez en clave de complejidad
Desde su estreno, hace casi 100 años, Las sílfides se convirtió en un
ballet sagrado del repertorio de todas las grandes compañías del mundo.
Hoy, el Ballet Nacional de Cuba repondrá tan exquisita pieza.
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PL
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Desde su estreno, hace casi 100 años, Las sílfides se convirtió en un ballet sagrado del repertorio de todas las grandes compañías del mundo. Hoy, el Ballet Nacional de Cuba repondrá tan exquisita pieza.
La versión cubana de Alicia Alonso conserva, como mayor mérito, la fidelidad al original de Mijaíl Fokin, quien pretendió una obra más cercana a la poesía y la naturaleza incorpórea del espíritu romántico que al alarde acrobático adjunto al ballet moderno.
Fokin contemplaba con nostalgia los grabados y litografías de las bailarinas del siglo XIX: Taglioni, Grisi, Elssler, Cerrito, Grahn, y advertía diferencias, que calificó de colosales, en sus bailes y propósitos; en comparación el de los bailarines del presente.
Aquellas no pretendían demostrar la fuerza física, por el contrario, su danza debía ser pura poesía. En Las sílfides el gran maestro ruso intentó devolver al ballet las características y el esplendor del período romántico.
No bailes para el público, no te exhibas, no te admires. En lugar de verte a ti mismo, debes ver los elementos que te rodean, a las etéreas sílfides. Míralas mientras bailas. íAdmíralas, trata de alcanzarlas! Estos momentos de anhelar y alcanzar un mundo fantástico son los movimientos y expresiones básicos de este ballet , dijo Fokin a Nijinski.
Ana Pávlova, Vaslav Nijinski y Tamara Karsávina olvidaron sus proverbiales dotes técnicas y construyeron el poema añorado por él en la noche del estreno de Las sílfides. El propio coreógrafo recreó delirios en su diario sobre las actuaciones de los intérpretes, elogiando por encima de cualquier cualidad a la delicadeza.
Aunque parezca tan sencillo, algunos maestros y danzantes no comprendieron la creación de Fokin y le introdujeron pasos y gestos modernos, supuestamente para mejorarla o complejizarla . El coreógrafo creía que la gran diferencia entre la antigua y la nueva danza clásica residía en la expresividad.
Alicia Alonso coincidió con el gran maestro en Estados Unidos, por la época en que este montaba su obra para el Ballet Theatre, del que ella formaba parte. La Alonso fijó cada detalle y montó luego su versión al Ballet Nacional de Cuba que es, hasta hoy, una de las más elogiadas en el mundo por su fidelidad al estilo de origen.
Precisamente las bailarinas de experiencia identifican el estilo como el elemento de mayor complejidad en esta obra. El romántico es exquisito en brazos suaves, muy redondeados e inclinaciones de torso, incluso implica una forma específica de peinado y vestuario, entre otros caracteres.
Por su carencia de argumento se considera a Las sílfides el primer ballet abstracto. Lo importante ante esta obra es que ni espectadores ni bailarines olviden la esencia primigenia del ballet que tanto quiso rescatar Fokin, esa búsqueda de la espiritualidad que es la que construye al arte.
La versión cubana de Alicia Alonso conserva, como mayor mérito, la fidelidad al original de Mijaíl Fokin, quien pretendió una obra más cercana a la poesía y la naturaleza incorpórea del espíritu romántico que al alarde acrobático adjunto al ballet moderno.
Fokin contemplaba con nostalgia los grabados y litografías de las bailarinas del siglo XIX: Taglioni, Grisi, Elssler, Cerrito, Grahn, y advertía diferencias, que calificó de colosales, en sus bailes y propósitos; en comparación el de los bailarines del presente.
Aquellas no pretendían demostrar la fuerza física, por el contrario, su danza debía ser pura poesía. En Las sílfides el gran maestro ruso intentó devolver al ballet las características y el esplendor del período romántico.
No bailes para el público, no te exhibas, no te admires. En lugar de verte a ti mismo, debes ver los elementos que te rodean, a las etéreas sílfides. Míralas mientras bailas. íAdmíralas, trata de alcanzarlas! Estos momentos de anhelar y alcanzar un mundo fantástico son los movimientos y expresiones básicos de este ballet , dijo Fokin a Nijinski.
Ana Pávlova, Vaslav Nijinski y Tamara Karsávina olvidaron sus proverbiales dotes técnicas y construyeron el poema añorado por él en la noche del estreno de Las sílfides. El propio coreógrafo recreó delirios en su diario sobre las actuaciones de los intérpretes, elogiando por encima de cualquier cualidad a la delicadeza.
Aunque parezca tan sencillo, algunos maestros y danzantes no comprendieron la creación de Fokin y le introdujeron pasos y gestos modernos, supuestamente para mejorarla o complejizarla . El coreógrafo creía que la gran diferencia entre la antigua y la nueva danza clásica residía en la expresividad.
Alicia Alonso coincidió con el gran maestro en Estados Unidos, por la época en que este montaba su obra para el Ballet Theatre, del que ella formaba parte. La Alonso fijó cada detalle y montó luego su versión al Ballet Nacional de Cuba que es, hasta hoy, una de las más elogiadas en el mundo por su fidelidad al estilo de origen.
Precisamente las bailarinas de experiencia identifican el estilo como el elemento de mayor complejidad en esta obra. El romántico es exquisito en brazos suaves, muy redondeados e inclinaciones de torso, incluso implica una forma específica de peinado y vestuario, entre otros caracteres.
Por su carencia de argumento se considera a Las sílfides el primer ballet abstracto. Lo importante ante esta obra es que ni espectadores ni bailarines olviden la esencia primigenia del ballet que tanto quiso rescatar Fokin, esa búsqueda de la espiritualidad que es la que construye al arte.