Revitalizar la Asamblea General, otro desafío de la ONU
El tema de la revitalización de la Asamblea General de la ONU cobra hoy nuevas fuerzas en los principales debates de la organización, unido al insistente reclamo de reformar un cada vez más cuestionado Consejo de Seguridad.
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Prensa Latina
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El tema de la revitalización de la Asamblea General de la ONU cobra hoy nuevas fuerzas en los principales debates de la organización, unido al insistente reclamo de reformar un cada vez más cuestionado Consejo de Seguridad.

Ambos asuntos marcaron varias sesiones de las dos últimas semanas de discusiones del plenario de la Asamblea, señalada por la Carta de Naciones Unidas como el principal órgano deliberativo y centro de las políticas y decisiones.

En ese sentido, su actual presidente, el diplomático libio Alí Treki, destacó el pasado jueves la necesidad de preservar el papel central de la máxima instancia de la ONU y su autoridad, "que ha sido erosionada en los últimos años".

Alrededor de esa exigencia giraron la mayoría de las intervenciones sobre el asunto, considerado como una cuestión de naturaleza política, dada la autoridad y responsabilidades esenciales que desempeña la Asamblea.

Entre ellas, los oradores destacaron su rol en la planificación e identificación de los objetivos de todo el sistema de la ONU, sus agencias y programas, lo cual demanda el pleno respeto de sus funciones y poderes.

Ese reclamo estuvo explícitamente dirigido hacia el Consejo de Seguridad, criticado con insistencia por no observar a plenitud las provisiones de la Carta y las resoluciones de la Asamblea sobre sus relaciones con la máxima instancia y demás órganos.

Uno de los más fuertes pronunciamientos al respecto fue hecho por Moirad Benmehidi, representante de Argelia ante la ONU, quien al hablar en nombre del Movimiento de Países No Alineados criticó los continuos intentos del Consejo para invadir los poderes y prerrogativas de la Asamblea.

El diplomático dejó en claro el rechazo de esa agrupación a cualquier acción que busque subvertir o minimizar los logros de la Asamblea, disminuir su papel actual y funcionamiento o cuestionar su relevancia y credibilidad.

En la misma línea, el representante permanente de Cuba, Pedro Núñez Mosquera, llamó al Consejo de Seguridad a cesar su intromisión en cuestiones que están claramente comprendidas dentro de las funciones y poderes de otras instancias.

Asimismo, recordó que la Asamblea es el único órgano de la ONU sin hegemonías, donde todos tienen voz y voto y no existe el derecho al veto, y consideró que su revitalización es un elemento determinante de la verdadera reforma de las Naciones Unidas.

Insistió en que el máximo foro tiene que ejercer sus facultades a plenitud y reforzar sus características de independencia, de escenario para el debate amplio, en el cual no se coarte o limite la libertad de los Estados miembros para referirse a los temas que sean de su interés.

Como parte de esa misma necesidad, la discusión dejó constancia de la oposición generalizada existente en cuanto al actual mecanismo de nominación y elección del secretario general de la organización.

Las críticas estuvieron dirigidas contra el Consejo de Seguridad y sus miembros permanentes por haber asumido a través de los años amplios poderes en esta materia, la cual debe corresponder a la Asamblea y al conjunto de los Estados miembros.

En opinión de buena parte de las delegaciones, en el presente el consejo concentra el poder sobre esa decisión y la Asamblea asume de facto un papel únicamente sancionador.

Los señalamientos contra la actuación del Consejo de Seguridad, integrado por 15 miembros, cinco de ellos (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China) con carácter permanente y derecho al veto, también fueron el centro de otra discusión en el plenario de la Asamblea hace una semana.

Las denuncias abarcaron desde los intentos de sobrepasar los poderes y funciones que le corresponden para inmiscuirse en los de la Asamblea General hasta la pretensión de utilizar el consejo para impulsar intereses de carácter nacional.

Otros aspectos censurados fueron violaciones cometidas por ese reducido cónclave del principio de imparcialidad, así como no reflejar las necesidades e intereses de los países miembros de manera objetiva, racional, no selectiva y no arbitraria.

El debate volvió a escuchar reclamos generalizados a favor de modificar la composición del órgano, tanto en la cantidad, como en las categorías de sus miembros y en el privilegiado derecho de veto que ostentan solo cinco países.