“Nos gustaría una Iglesia unida, apoyando las justas reivindicaciones de los pueblos del Tercer Mundo y de toda la humanidad, y, de modo especial, las de América Latina, donde están o estarán en breve tiempo, al ritmo de crecimiento que llevamos, la mayoría de los católicos del mundo y también los más pobres”.
“(…) se puede ser marxista sin dejar de ser cristiano y trabajar unido con el comunista marxista para transformar el mundo. Lo importante es que en ambos casos se trate de sinceros revolucionarios dispuestos a suprimir la explotación del hombre por el hombre y a luchar por la distribución justa de la riqueza social, la igualdad, la fraternidad y la dignidad de todos los seres humanos, es decir, ser portadores de la conciencia política, económica y social más avanzada, aunque se parta, en el caso de los cristianos, de una concepción religiosa”.
“La Revolución realiza una tarea ennoblecedora del hombre, dignificadora del hombre y sus mejores valores. Es precisamente la Revolución, la Revolución que busca una sociedad justa, un modo de vida superior, una sociedad más elevada, la que pone en sus niveles más altos los valores patrióticos y los valores humanos. El derecho del hombre a adquirir una cultura, a una escuela, a trabajar, a vivir. El derecho del hombre a la verdadera felicidad”.
“Hoy puede decirse con mucha más justicia que un pueblo que está dedicado todo al estudio es un pueblo que necesariamente tiene un magnífico porvenir, es un pueblo que inevitablemente tendrá un grandioso porvenir”.
“(…) sólo sobreviven las ideas justas defendidas con valor, dignidad y firmeza”.
“Hay muchas cosas nuevas en este mundo, no podemos seguir siempre con esquemas, con clichés, con interpretaciones sectarias, estrechas; tenemos que abrir bien los ojos, poner luz larga, ver las realidades, si es que queremos una sociedad más justa, una sociedad realmente más justa”.
“(…) el futuro pertenece por entero a nuestros sueños de igualdad y justicia para todos los seres humanos”.
“En Girón nuestro pueblo patriota y heroico, que había madurado extraordinariamente en apenas dos años de enfrentamiento al poderoso imperio, sin temor ni vacilación alguna combatió por el socialismo.
"La lucha ideológica del pueblo cubano fue la lucha de un país pobre contra la oligarquía de un país rico, la ideología de un país pobre contra la ideología de un país rico (...) Y en esa lucha la esencia consistía en saber cuáles eran las ideas justas y cuáles eran las ideas injustas".
“Creo en la unión de todos los países del mundo, en la unión de todos los pueblos del mundo y en la unión libre, verdaderamente libre; no la fusión, sino la unión libre de todas las culturas, en un mundo verdaderamente justo, en un mundo verdaderamente democrático”.