Ayer en la Plaza, al pie de la imagen de mármol de Martí, confirmamos que no se han acabado todavía, ni en Cuba ni en el extranjero, los testigos de la obra y el ideal de Fidel. Además, se hace realidad aquello que Haydée Santamaría dijera de su hermano Abel, y puede ahora aplicarse también al Comandante en Jefe: «Todo se hace más hermoso cuando se sabe que después, físicamente, no se va a tener».
«Llevamos 14 horas y media de desfile… y los primeros que desfilaron en el día de hoy fueron precisamente los niños… los niños de la ciudad escolar Camilo Cienfuegos… Y hemos visto desfilar por aquí a los pioneros con la sonrisa de la esperanza, la confianza y el cariño; hemos visto desfilar a los Jóvenes Rebeldes».
Mientras José Antonio Echeverría yacía en el suelo, a un costado de la Universidad, tras caer abatido por la policía batistiana el 13 de marzo de 1957, el equipo de cirujanos de guardia, en el hospital Calixto García, todos estudiantes, trató de rescatar su cuerpo. El gesto lo devela por primera vez un protagonista de aquel intento.
Fidel y Celia tuvieron la iniciativa de regalar juguetes a las niñas pobres de Jacinto Peñate y Ángela Sánchez, en plena Sierra Maestra, el Día de Reyes de 1958.