Cuando el golpe de Estado al presidente de Honduras Manuel Zelaya, el 28 de junio de 2009, yo era el embajador ante ese país centroamericano. Ese día fui a darle protección diplomática a la canciller Patricia Rodas y terminé junto a ella secuestrado por los militares golpistas.
La historia de lo que nos sucedió en aquellas horas de violencia y peligro la inmortalizó esa tarde el Comandante en Jefe en una reflexión titulada «Un error suicida», un texto que guardaré en mis recuerdos por siempre. Escribió Fidel:
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Diplomático cubano. Funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores. Ha cumplido diversas misiones en el extranjero entre las que se destacan: cónsul general en Costa Rica, embajador en la República de Honduras y en la de Nicaragua; esta última responsabilidad la cumple actualmente.
Apenas llevábamos tres meses en Costa Rica cuando ocurrió la votación en la Comisión de Derechos Humanos y ese gobierno se prestó para presentar una resolución en contra de Cuba. Incluso lo hicieron en inglés, prueba de que se la habían pasado los estadounidenses, pues no tuvieron tiempo para la traducción.
Como es lógico nosotros rechazamos aquella resolución, arremetimos contra el gobierno de Costa Rica y la decisión de ellos fue retirarme el exequatur, que era el permiso que daba la posibilidad de ejercer como cónsul general en el país.
En enero de 2001 me correspondió abrir la misión cubana en Costa Rica tras 20 años de ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países. Había mucha hostilidad porque allí estaban asentados cubanos muy reaccionarios vinculados a las organizaciones contrarrevolucionarias Hermanos al Rescate y Alpha 66. Las relaciones se iniciaron a nivel consular. Yo había ido como cónsul general de Cuba y, a su vez, era el jefe de la misión diplomática.
