Tomado de
Cubadebate
Desde los días de la Sierra, el verde olivo ha sido la señal más visible del guerrero sin reposo. Algunas veces, por razones protocolares, vistió la guayabera o el clásico traje oscuro, pero enseguida volvía a la ropa de campaña, la de las charreteras con rombo rojinegro entre laureles, santo y seña del jefe revolucionario.
