Amor y cariño mutuo

Hija del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. Presidenta de la Fundación Guayasamín.

Fidel visitó Ecuador por vez primera el 10 de agosto de 1988 y fue para asistir a la toma de posesión presidencial del doctor Rodrigo Borjas. Como el 13 es su cumpleaños, le propusimos celebrárselo. El Comandante nos dijo que normalmente no aceptaba esas fiestas, pero finalmente accedió a la petición de la familia Guayasamín.  
 
Entonces vino a la casa. Estaba invitada también la señora Danielle Mitterrand.74 No fue aquella una visita de protocolos, sino muy informal. Fidel estaba encantado con la belleza artística de la esidencia. Quería saber de todo lo que había. Le preguntaba a mi padre por qué coleccionaba tantas imágenes de Cristo, si era católico o no. Él le explicó que las atesoraba por su belleza estética, no  
por cuestiones religiosas.
 
Fidel quería saber de cada pieza arqueológica que veía, de la cultura a la que pertenecía, los años que tenía. Estaba fascinado con lo que mi padre a lo largo de su vida había recopilado.  
 
Para la celebración le mandamos a hacer un pastel del mismo tamaño de la gran mesa del comedor. Alguien nos había dicho que le gustaba el chocolate y de ese sabor era, pero desafortunadamente ni lo probó, porque su seguridad personal no estaba de  
acuerdo con que lo comiera, porque no se había elaborado por nosotros, incluso en la cocina estaban al cuidado de lo que se le servía, siempre pendientes de lo que comía.  
 
En el pastel le pusimos muchas velas, y Fidel tuvo que coger bastante aire para soplarlas de un lado a otro de la mesa. En la sala había como 100 personas, todos vinieron a verlo. En la casa estaba la alta sociedad ecuatoriana, muchos de ellos se brincaron los muros para verlo.  
 
Después de picar el dulce mi padre había organizado encuentros privados del Comandante con algunas personalidades del país. Pasaron a una salita más pequeña y allí se reunió con el alcalde de Quito, Rodrigo Paz, y con una familia de Cuenca, amiga nuestra.  
 
Era tanto el gentío que no dejaba ni respirar a Fidel, querían besarlo, hablarle. En ese saloncito pudo comer con tranquilidad. Le hicimos un sebiche de langostinos, que le encantó. Las veces que fuimos a Cuba él nos pedía que se lo hiciéramos, y una vez hasta se los llevamos de Ecuador.  
 
Aquí no hubo meseros para él, nosotros fuimos los que le cocinamos y servimos. Le llevaba el vinito y el sebiche. Fue aquella una atención familiar. Él estaba sorprendido por la celebración, pero a la vez feliz por la acogida de los ecuatorianos.  
 
Fidel volvió a esta casa el 29 de noviembre de 2002, cuando vino a Quito a inaugurar la Capilla del Hombre. Ya mi padre había fallecido, la residencia estaba cerrada por problemas herenciales, pero hicimos una gestión especial con los jueces y permitieron abrirla para recibir a Fidel y a Chávez, antes del acto. Se sabía que ellos iban a estar, y acudieron a la ceremonia unas 3 000 personas.  
 
Fidel siempre nos trajo regalos. Aún conservo una pequeña botella de ron, nunca la he abierto porque vino de sus manos. Él era parte de la familia, por eso es sagrado y siempre lo tenemos presente. El cariño y el amor son mutuos, porque hemos recibido  
muchas retribuciones del pueblo cubano y de él.

Tomado de
"Yo conocí a Fidel"