Destacado combatiente clandestino y guerrillero. Bajo las órdenes directas de Fidel cumplió múltiples misiones y participó en diversos combates en la Sierra Maestra, donde fue ascendido a capitán. Tras el triunfo fue designado director general de Deportes, cargo que ocupó hasta la creación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación en 1961. En lo adelante desempeñó múltiples responsabilidades en el ámbito militar y civil.
El día que fuimos a Niña Bonita después pasamos por Artemisa y regresamos de noche a la calle 11. Fidel no me había dado ni agua. Al llegar le dijo a Celia: «Guerrita viene muerto de hambre. ¿No tienes nada que darle ahí?». Ya se habían puesto de acuerdo y me preguntó: «¿Te gusta el dulce de guayaba con leche?». Le respondí que sí y me trajo una fuente con ese dulce, que es una lasca de guayaba con otra de crema de leche. Sobre una mesa pusieron la fuente y le fui arriba. Cuando le metí el diente me percaté que eran plásticos. Era una maldad, y él se reía como si le hicieran cosquillas.
Cuando me fui a ir me hizo otra pregunta:
—Guerrita, ¿qué vas a hacer ahora cuando salgas de aquí?
—Comandante, voy a recoger a mi esposa que vamos a comer
arroz frito en San Agustín.
Y me dijo asombrado:
—¿Que tú vas a comer arroz frito?
—Sí Comandante, nos vamos a reunir unos compañeros.
—¿Y tú no me vas a invitar?
—Comandante, cómo usted va a ir, si eso es en casa de una gente humilde en Marianao, en la zona de San Agustín.
Y dijo:
—Celia, Guerrita no me quiere llevar a comer arroz frito. Yo voy a ese arroz frito.
Y bajó las escaleras poniéndose la canana y se montó en un carro. Mandó a recoger a mi esposa, y le dije: «No, no vaya a buscarla». Yo tenía mucho nerviosismo. Cuando llegué a Marianao me perdí. No encontraba la calle 230. Me ubiqué y al llegar me preguntó la señora de la casa: «Guerrita, ¿y su mujer dónde está? ¿Por qué no vino?». Y le dije: «Mira lo que viene conmigo». Por poco se muere aquella gente. Fidel metido en San Agustín atrás de un arroz frito. Yo ni comí, a pesar del hambre. Él entró a la cocina y dijo:
«Como no estoy invitado me voy a servir». No comió ensalada, ni tamales, solo arroz frito. Después salimos para mi casa, y allá estuvo un rato con mi familia. Esas eran las cosas de Fidel, un hombre que sorprendía, súper extraordinario. El hombre del siglo.
