Prestigioso y carismático camarógrafo de la Televisión Cubana. Ha grabado innumerables sucesos históricos de los últimos 50 años tanto en Cuba como en el resto del mundo. Integró por varias décadas los equipos de prensa de Fidel y Raúl, y actualmente trabaja en el del presidente de la República Miguel Díaz-Canel.
Recuerdo que vi por primera vez a Fidel cuando yo tenía 15 años. Fue el 8 de enero de 1959 en el parque de la Virgen del Camino, durante su entrada triunfal a La Habana. Entonces no tenía una cámara, sino un paquete de periódicos porque venderlos era el sustento de muchos jóvenes. Mi mamá me pidió que la acompañara; ella estaba muy nerviosa y me decía: «Mijo, nos salvamos. Con Fidel nos salvamos».
Para mí fue un privilegio verlo de muy cerca, y creo que hasta él me miró, porque le dije mucho adiós. Y mi mamá me repetía: «Mijo, nos salvamos, ya no vamos a pasar más trabajo».
Después comencé a trabajar en la Televisión Cubana como mensajero, en el Canal 4, a los tres meses pasé a ser auxiliar de estudio y en 1966 ya era camarógrafo. Estuve un tiempo en estudio, después me fui al remoto. Cuando llegó el videotape a Cuba empecé a grabar todas las actividades de Fidel en La Habana y el resto del país. Era un privilegio, estaba a su lado todos los días, época aquella en que hablaba hasta las 2:00 a.m. y las 3:00 a.m. Y eso me dio la oportunidad de verlo más.
Tuve además el honor de acompañarlo a muchísimos viajes. Lo mismo estaba con Fidel en un avión, en un helicóptero, en un campamento en las montañas de Guantánamo o por el mundo.
Fuimos a Japón, y tengo de ese viaje una anécdota de cuando visitó Hiroshima. Allí había dos cámaras, entonces cuando él terminó su recorrido por la ciudad y los museos, decidió firmar el libro de visitantes. Me agaché con mi cámara para grabar el
momento de su firma. Cuando terminó, estando yo en el piso con la cámara le pido: «¿Comandante, usted puede leer lo que escribió para grabarlo?». Había un silencio sepulcral, me miró y dijo tajante: «¡Qué nunca más vuelva a suceder!». De momento pensé que me estaba regañando porque le había pedido leer su texto, pero enseguida me percaté que eso era lo que había escrito. Me lo dijo con el mismo énfasis que lo escribió. Él no quería que un hecho como aquel de Hiroshima y Nagasaki se repitiera en este mundo.
Sobre Fidel tengo también una anécdota con el capitán Antonio Núñez Jiménez. Tuve el privilegio de grabar la expedición «En canoa, del Amazonas al Caribe», y en las noches hablaba mucho con Núñez. En una de esas conversaciones le dije: «Núñez, si yo hubiera vivido en la época de Martí, hubiese trabajado con él».
Núñez se puso de pie y muy molesto me preguntó: «¿Y todavía tú no has visto a Martí, tú que eres amigo de Martí y trabajas con él?». Entonces me percaté que Fidel era Martí.
