Destacado combatiente de la Revolución Cubana. Expedicionario del yate Granma. Por su participación, tanto en la lucha guerrillera como clandestina, fue ascendido a comandante del Ejército Rebelde. Integró el Consejo de Ministros del primer gobierno revolucionario, responsabilizado con la cartera de Recuperación de Bienes Malversados. Luego asumiría la presidencia del Instituto de Recursos Hidráulicos. Falleció el 24 de diciembre de 1992, a los 72 años.
El 23 de diciembre de 1956, tres semanas después del desembarco del yate Granma y a unos seis días de reencontrarnos unos pocos de aquellos 82 expedicionarios en la finca de Mongo Pérez, de Purial de Vicana, tuve que salir a La Habana a cumplir una misión de Fidel.
Aquella mañana, antes de iniciar viaje, él pensó en la conveniencia de hacer un simulacro. Exactamente éramos 17 expedicionarios y cuatro o cinco campesinos incorporados, como Cresencio Pérez y sus hijos Sergio e Ignacio. Guillermo García no estaba en el campamento de la finca de Mongo Pérez porque había ido a rescatar unas armas al lugar del desembarco.
Entonces se le ocurrió a Fidel hacer el simulacro y me orientó salir fuera del gran cafetal bajo el bosque y regresar diciendo que había visto un grupo de guardias meterse para el monte donde estábamos. Nosotros poníamos a un hombre a hacer guardia en una esquina del campamento que estaba más alta y me dirigí allí.
Cuando llegué el posta era el Che; y le dije: «Acaba de entrar un grupo grande de guardias al monte por allá abajo. Ve y díselo a Fidel». Entonces el Che, con su paciencia y su calma, sin manifestar alarma, empezó a preguntarme detalles, hasta que le confesé: «Che, eso no es cierto, pero Fidel quiere hacer un simulacro y es
necesario ir a decírselo sin que los compañeros lo sepan. Tú vas por un lado, yo por el otro, y los dos se lo decimos». El Che se animó.
Llegó, les dijo, después yo, y se desplegó la fuerza para tratar de hacerle una emboscada a los guardias. Está claro que no encontramos al enemigo después de barrer el cafetal en dirección donde supuestamente estaba el ejército de Batista. Pero Fidel antes de salir le dijo a dos o tres compañeros: «Ustedes cubran la retaguardia, quédense y cubran por acá».
Entre los que se quedaron estaba Camilo, y cuando regresamos el Che le preguntó: «¿Camilo, por qué te quedaste si Fidel se dirigió a otros y no a ti?». Camilo estaba cerca de esos dos compañeros y entendió que le habían planteado quedarse. Me llamó la atención la reacción de vergüenza e indignación de Camilo con él mismo, puesto que se había confundido y se estaba interpretando como que él se quedó por miedo al enemigo.
Entonces empezó a pedirle a Fidel que lo mandara a perseguir los supuestos enemigos. Y para allá se fue. A su regreso se dijo que todo era un simulacro. Fue una idea de Fidel para cohesionar la fuerza, para darle un sentido más organizado a la pequeña tropa de poco más de 20 hombres de la que nacería el Ejército Rebelde. (1)
1.- Relato narrado por el comandante Faustino Pérez al combatiente Arnold
Rodríguez. Entrevista inédita conservada en el archivo del autor. La Habana, 1984
