Un justiciero profundo

Guevara, Alfredo

Intelectual cubano

Conocí a Fidel en 1945. Teníamos 19 años. Llegó a la Universidad de La Habana a estudiar Derecho. Provenía de una escuela religiosa y los jóvenes de izquierda nos preguntábamos «quién es ese». Con él me ocurrió lo más descabellado del mundo.  
 
Entré a la Universidad con la idea preconcebida de llegar a la dirección de la FEU, pero un día arribó un joven desconocido a la Escuela de Filosofía y me dijo: «Hay un muchacho en Derecho a quien debes conocer». Yo estaba en primer año, eran apenas mis  
primeros días de estudiante.
 
Fui a la Escuela de Derecho y lo vi. Al principio no me presenté. Él era un muchachón impresionante, un volcán que agitaba a un grupo de estudiantes. En ese momento lo consideré un peligro. Pasaron los días y seguí observándolo y descubriendo los rasgos  
de su personalidad. Parecía algo así como un justiciero, pero aún no se apreciaba en qué dirección iba. Después le dije a mis compañeros que había surgido un muchacho en Derecho que iba a ser como José Martí o lo peor de lo peor.  
 
Entonces él comenzó a merodear la Escuela de Filosofía. Se había enamorado de una joven, Mirtha Díaz-Balart, realmente muy bella y dulce, aunque por debajo todo un carácter. En aquel tiempo estábamos en campaña por las elecciones. Por suerte, Mirtha era de mi candidatura y me dije: «Ahora voy a ganar, vas a caer en mis manos»; pero, ¡claro!, a la larga, fue al revés.  
 
Empezamos a tener más contactos. Iniciamos una relación frívola, pero conflictual porque los dos habíamos llegado con la idea de dominar la FEU. No obstante, poco a poco, fuimos aceptándonos. Yo había creado el Comité 30 de Septiembre en la Universidad, era como nuestro partido, y Fidel quiso entrar.
 
Hubo personas del grupo que se opusieron, aunque al final, lo consiguió. En realidad formaba parte de cualquier cosa que significara combate. Era un justiciero profundo, tal y como yo había sentido desde el principio.  
 
La primera vez que me habló de tomar el poder fue en 1947. Por esa época él no era marxista, sino un hombre que estaba por la justicia a toda costa y tenía conciencia antimperialista. Y me involucré con él en esas aventuras.

Tomado de
"Yo conocí a Fidel"