La herencia del estadista
De las personalidades internacionales que tuve la honra de encontrar, Fidel Castro fue con quien más veces estuve, desde que, en 1981, como presidente de la Unión Nacional de los Estudiantes, fui recibido por él en La Habana. Lo escuché hablar con naturalidad de los grandes asuntos internacionales y de la culinaria bahiana. En todos los encuentros, reforcé la admiración por el estadista que retiró su pequeño país de la condición semifeudal, le confirió dignidad y soberanía y ahora deja el gobierno con indicadores sociales próximos a los de los gigantes industrializados.
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Jornal do Brasil
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De las personalidades internacionales que tuve la honra de encontrar, Fidel Castro fue con quien más veces estuve, desde que, en 1981, como presidente de la Unión Nacional de los Estudiantes, fui recibido por él en La Habana. Lo escuché hablar con naturalidad de los grandes asuntos internacionales y de la culinaria bahiana. En todos los encuentros, reforcé la admiración por el estadista que retiró su pequeño país de la condición semifeudal, le confirió dignidad y soberanía y ahora deja el gobierno con indicadores sociales próximos a los de los gigantes industrializados.

Cuba es pobre, pero de una pobreza, como observó sobre Brasil el sociólogo Gilberto Freyre, que "no es deshonra." Fidel correspondió a la esperanza del pueblo de llevar la nación "a algún lugar mejor", como registró el historiador Eric Hobsbawn.

Bajo la dirección de Fidel Castro, Cuba viene resistiendo el más duro golpe a que un país americano fue sometido en el siglo 20: el bloqueo de Estados Unidos, injusto y desproporcional. El gobierno cubano calcula que el cerco costó US$ 82 billones en negocios que podrían haber sido hechos con los americanos. Pero empresas establecidas en Estados Unidos, aún las extranjeras, están sujetas la multa de US$ 1 millón si negocian con Cuba, y los ciudadanos pueden recibir diez años de carcel si, incluso en un viaje al exterior, se fuman un habano.

A pesar del cerco del elefante a la hormiga, Fidel y su país mantuvieron el orgullo nacional. Ni el fin de la Unión Soviética, que ayudaba a los cubanos con generosa importación de azúcar y numerosos subsidios, desvió al líder de la ruta de hacer de aquel pequeño país un ejemplo de igualdad social cercado de iniquidades por doquier. Allá todos comen, estudian, saben leer, y tienen asistencia médica gratuita y casa para vivir.

El carisma, la energía en el gobierno, la vocación diplomática para recaudar simpatía y sobre todo el amor por el pueblo y el patriotismo fueron los triunfos de Fidel para gobernar durante casi cinco décadas con inequívoco apoyo de la mayoría de la nación. El suelo sagrado del comandante es Cuba, pero él articula un patriotismo continental reflejándose no sólo en la gran figura histórica de su país, el mártir de la independencia José Martí, sino también en Simón Bolívar, en el argentino San Martín y en nuestro José Bonifácio de Andrada y Silva, homenajeado con una estatua en La Habana.

Puede incluirse a Fidel Castro en el grupo y decir de ellos lo que Machado de Assis dijo de Andradas: "La naturaleza no produce muchos hombres como aquellos."


Aldo Rebelo fue presidente de la Cámara de los Diputados y ministro-jefe de la Secretaría de Relaciones Institucionales de la Presidencia de la República.

* El autor es Diputado Federal por el PC do B.